Algunos sostienen que los smartwatches no son verdaderos relojes, sino simplemente pantallas conectadas a Internet, dependientes de un teléfono o un plan de datos para operar de manera óptima, aunque se lleven en la muñeca. Y no les falta razón. A pesar de su funcionalidad avanzada, los relojes inteligentes carecen de un elemento esencial que ha definido a la relojería por siglos: el arte de medir el tiempo con precisión, elegancia y distinción.
La relojería tradicional es mucho más que una industria; es una expresión de maestría artesanal que ha evolucionado durante siglos, perfeccionando mecanismos que desafían la obsolescencia y las actualizaciones digitales. Un buen reloj no necesita recargarse cada noche, no depende de actualizaciones de software ni de una conexión a la nube. Su única fuente de energía puede ser una batería, que en el mejor de los casos puede duras más de 20 años, el movimiento de la muñeca o la meticulosa cuerda manual que lo pone en marcha. Más allá de su precisión, los relojes tradicionales son testigos del legado de marcas que han dedicado generaciones a perfeccionar sus calibres, refinando sus movimientos hasta alcanzar una calidad casi inigualable.
Frente a la tendencia de lo efímero, el reloj mecánico representa la permanencia. No es un simple accesorio, sino una pieza de historia que se transmite de generación en generación, conservando su misticismo e incluso revalorizándose con el tiempo. Un smartwatch, en cambio, difícilmente será visto como una herencia familiar. En un par de años, su tecnología quedará desactualizada y su batería perderá capacidad, forzando a su usuario a reemplazarlo por un modelo más reciente. Lo que hoy es innovador, mañana será obsoleto.
El Hype Cycle de Gartner, herramienta creada por consultora de su mismo nombre, mide el nivel de adopción de tecnologías emergentes, lo que implica la fase de expectativas, el abismo de la desilusión, la rampa de consolidación, y la meseta de productividad. Cada nuevo modelo de smartwatch pasa por estas fases de adopción pero el resultado siempre es el mismo, una nueva tecnología llega para remplazarlo, mejorarlo y desactualizarlo. El siguiente año después de su lanzamiento las marcas que se dedican a la producción de estos dispositivos, anuncian un nuevo modelo para dejar el del año pasado en el camino de la jubilación.