La problemática de la evasión tarifaria en sistemas de transporte masivo suele presentarse en el debate público como una simple infracción de normas de convivencia. No obstante, los aproximadamente 89 millones de abordajes irregulares registrados en 2024, generando pérdidas directas en recaudo cercanas a $719 millones diarios, evidencian un fenómeno multicausal que supera la discusión ética sobre el "colado" para adentrarse en las fisuras distributivas y en la arquitectura financiera de la movilidad urbana en Bogotá. En efecto, TransMilenio opera con un diferencial negativo crónico entre el costo técnico del pasaje y la tarifa de usuario, brecha financiada por el Fondo de Estabilización Tarifaria (FET). Este fondo, lejos de ser una solución estructural, externaliza el costo del acceso a la ciudad a las finanzas públicas distritales y reproduce tensiones distributivas en la asignación presupuestal.
Desde una perspectiva de economía política, la evasión debe entenderse como la manifestación de un conflicto distributivo: ciudadanos con ingresos precarios interiorizan que el precio de la movilidad resulta incompatible con las restricciones de su canasta básica, decisión racional cuando la relación precio - ingreso supera los umbrales de asequibilidad establecidos por organismos multilaterales (alrededor del 15 % del ingreso disponible). Adicionalmente, el fenómeno de la evasión no solo es expresión de insuficiencia económica para sufragar el gasto del pasaje, en muchas ocasiones es una manifestación de inconformidad con un sistema que está lejos de los estándares de dignidad que le asisten a la garantía de un derecho fundamental. En ese sentido, la inversión en dispositivos físicos anti evasión se inserta dentro de una lógica punitivo–tecnocrática que, si bien puede tener efectos inmediatos de disuasión, omite las raíces socioeconómicas de la conducta y, sobre todo, prioriza el enfoque de sostenibilidad financiera (en últimas, la garantía de ganancia para los agentes privados), sobre el entendimiento del transporte público como un derecho y servicio público esencial.
- Cronología y magnitud de la inversión: puertas automáticas y torniquetes PAT
Entre 2021 y 2024 TransMilenio comprometió $84.930 millones distribuidos en dos líneas de acción complementarias, con una trayectoria contractual que refleja la inercia de la política pública basada en adquisiciones de hardware:
- Puertas laterales automáticas (PLA). Son dispositivos mecánicos instalados en el costado de las estaciones troncales que se diferencian de las otras por el grosor del marco de acero, lo que dificulta su manipulación por parte de los usuarios. Hay un total de 850 módulos instalados en andenes troncales, contratados inicialmente por $64.479 millones, valor que, tras modificaciones y adiciones, ascendió a $74.000 millones. Las PLA fueron concebidas para sellar los costados de las estaciones y reducir puntos de acceso no autorizados. En adelante las llamaremos puertas “anticolados”
- Torniquetes de piso a techo y pasillos motorizados (BCA-PAT/BCAPM). Conforman una barrera vertical integral que obliga al usuario a validar la tarjeta antes de traspasar la línea de control: 412 unidades adquiridas por $28.451 millones. En adelante los llamaremos torniquetes “anticolados”.
La Contraloría de Bogotá, en su informe especial de 2024, identificó sobrecostos estimados en $9.900 millones atribuibles a modificaciones ex post, reubicaciones derivadas de la construcción de la primera línea del metro y renegociaciones por variaciones de precios en la cadena de suministro, estas alertas recalcan la fragilidad de la planificación a largo plazo en un sistema afectado por la superposición de grandes obras de infraestructura.
Ahora bien, no es un fenómeno que solo suceda en Bogotá, los sistemas de buses de tránsito rápido (BRT) en Latinoamérica —Santiago, Ciudad de México, Curitiba— han enfrentado tasas de evasión entre el 10 % y el 25 %, contextos en los que se han ensayado torniquetes reforzados y aumento de inspectores antes de escalar a barreras automáticas laterales. El caso de Santiago resulta ilustrativo: solo después de implementar un régimen tarifario diferenciado por estratos de ingreso y un programa de "tarjeta adulto mayor" se observó una reducción sostenida de la evasión (-37 % en cinco años), con inversiones en barreras físicas limitadas a corredores de mayor afluencia. La evidencia comparada sugiere que la eficacia de la infraestructura anti evasión se potencia cuando se combina con políticas tarifarias progresivas, un vector ausente en la estrategia bogotana hasta la fecha.
- Evidencia empírica local: límites y opacidades
El único estudio medianamente robusto divulgado por TransMilenio corresponde a nueve estaciones piloto con torniquetes anticolados, donde la evasión —medida a través de conteos de validaciones versus aforo— disminuyó del 8,53 % al 4,68 %. Suponiendo una demanda diaria de 30 000 abordajes por estación, eso representa un incremento de $11.000 millones en recaudo anual. Bajo una tasa de descuento social del 10 %, el periodo de recuperación de la inversión se ubica en 2,3 años, favorable desde una óptica de análisis costo-beneficio clásico. Sin embargo, la robustez estadística es cuestionable: aunque el cálculo indica que el periodo de recuperación sería de 2,3 años, lo cual sería favorable desde una perspectiva de eficiencia económica, esta conclusión depende críticamente de supuestos cuya validez empírica no ha sido debidamente verificada. Por un lado, no se cuenta con una línea base rigurosa que permita establecer con certeza la magnitud de la evasión antes de la intervención; por el otro, las estimaciones de recaudo recuperado no están acompañadas de análisis de sensibilidad ni de intervalos de confianza, lo cual impide evaluar si las diferencias observadas son estadísticamente significativas o producto de variaciones aleatorias.
En ausencia de un diseño experimental sólido o de métodos cuasi-experimentales con controles adecuados, cualquier afirmación sobre rentabilidad social del proyecto debe considerarse preliminar y sujeta a verificación externa, así, el uso de una tasa de descuento social estándar no compensa la debilidad de los insumos cuantitativos ni reemplaza la necesidad de evidencia robusta y replicable para sustentar decisiones de inversión pública:
- El piloto abarca solo el 5,9 % de las 152 estaciones troncales.
- No controla por elasticidades cruzadas: la evasión podría desplazarse a estaciones sin PAT o al componente zonal.
- Emplea un diseño pre–post sin grupo de control, susceptible a sesgos de maduración y a choques externos (p. ej., variaciones en operativos policiales).
A diferencia de los torniquetes, las puertas anticolados carecen de métricas públicas de eficacia. La gerencia reconoció en una audiencia de control político (octubre 2024) que “la evidencia cuantitativa se encuentra en construcción”. Esta admisión expone la dimensión del problema: se destina el grueso del presupuesto a una tecnología cuya efectividad se presume ex ante, vulnerando el principio de planificación de la inversión pública.
Ahora bien, ambos dispositivos cuentan con garantías limitadas a 24 meses, toda vez que no hay ninguna previsión para el posterior mantenimiento y que el presupuesto plurianual de TransMilenio no contempla partidas equivalentes, lo que augura futuros contratos de "mantenimiento por disponibilidad" con riesgos de dependencia tecnológica y captura monopólica, o, peor, que se conviertan en una inversión perdida una vez se agote el periodo de mantenimiento garantizado.