Se puede.
Ya no es abrir la puerta de los sustos como ocurría en el pasado. Ni meterse entre los palos a buscar un empate.
Es jugar con propuesta atrevida y resistencia ordenada. Sin abusar del refugio defensivo. Rivalizando de igual a igual en todos los sectores de la cancha. Peleando y jugando el partido. Sin entrar en provocaciones.
Con el manejo de los ritmos desde la posesión de la pelota. Sin sustos, dudas o complejos. Con futbol vigoroso, sin concesiones físicas.
Jugar, sin dejar jugar. Con presión constante, anulando y activando las bandas, atentos al control de los rebotes, en los centros y los tiros de esquina. Neutralizando la llegada de los volantes al espacio o los disparos a distancia y creando condiciones para atacar por el centro y las bandas.
Brasil no tiene las figuras de antes. Ni Neymar, ni Ronaldinho. Ni Cafu, ni Ronaldo. Ni Rivaldo, ni Bebeto o Romario. Ni Zico ni Falcao.
Predomina el juego colectivo con figuras de renombre como Vinicius Jr, Rodrygo Goes, Sabinho y Rafinha. Los demás, destacados, influyentes en sus equipos, pero sin consolidarse en el seleccionado.