Derroches de futbol por ráfagas, de alto vuelo, con criterioso manejo del balón, pulcra circulación en velocidad, con arrebatos técnicos y cabalgatas demoledoras de Brasil, buscando el gol desde el principio.
Lo encontró en una sutil maniobra colectiva que terminó en el penalti que ejecutó Rapinha.
Asomaba el "scratch" a sus hombres con peligro, en el balcón del área de penalti de Colombia. Camilo Vargas siempre atento y efectivo.
Rendimiento preciosista que tuvo interrupciones, cuando Colombia entendió el partido, lo buscó, tocó con acierto, contestó a la propuesta brasileña con jugadas colectivas, que lo aproximaron a la red, pero de nuevo el viejo karma, la ausencia de gol, lo condenó.
Colombia que fue de menos a más, encontró en la precisión de pase, en el espacio reducido, una manera de librarse del rival, que fue imponente con la pelota, pero demasiado débil sin ella.
Cuando James perdió metros con referencia a la ofensiva, recuperó el timón del juego para inferir en el rendimiento colectivo. El disciplinado trabajo defensivo en ataque, cuando Colombia presionaba la salida de los brasileños cambió la cara del partido.