Las cifras entre 2018 y 2025 confirman el fracaso de la receta tradicional contra las drogas: una persecución inclemente al campesino cocalero. Si el éxito se midiera en hectáreas erradicadas, hace años habríamos resuelto el problema. La realidad es otra: aumentaron las toneladas de coca enviadas a los mercados internacionales y con ellas los niveles de consumo. En Colombia vivimos una falsa bonanza cocainera reflejada en la construcción inmobiliaria desbordada y en el fortalecimiento de narcos invisibles y lavadores de activos, especialmente en la región Caribe, con Barranquilla como ejemplo evidente.
El cambio llegó cuando el gobierno de Gustavo Petro pasó de criminalizar al campesino al que incluso se le quemaban las casas— a enfrentar a los verdaderos responsables: capos, lavadores, contrabandistas y narcos camuflados en los grandes círculos sociales y empresariales. Las cifras de 2025 lo ratifican: se han incautado 693 mil kilos de coca, 349 mil de marihuana y heroína, y más de 5 millones de litros y toneladas de insumos químicos, el registro más alto en nuestra historia.
La experiencia demuestra que arrancar matas no resuelve nada. Erradicar 100 hectáreas a la fuerza solo hace que en otro lugar broten 200 más. El campesino cultiva coca porque no tiene vías, crédito, mercados ni Estado. Y mientras eso no cambie, la mata seguirá creciendo.