Para muchas personas que consumen contenidos de reseñas gastronómicas o visitas de sitios por parte de influenciadores denominados “foodies” (sean expertos de verdad o por simple pantalla para su estilo comunicativo, belleza física o intereses contractuales) ya es un término trillado el término “tesoro escondido” referente a lugares ubicados en sitios geográficos alejados de los centros de entretenimiento u hospitalidad con excelentes opciones en bebidas, alimentos y experiencias.
De antemano, les pido disculpas, pero es que la localidad de Chapinero es un lugar donde es imposible no utilizar ese término ante el recorrido por cada una de sus esquinas donde en cada bar, restaurante, tienda, puesto callejero o local hay algo nuevo en todo sentido. Y esta es una historia de un encuentro en un puente festivo bogotano, con un feliz ambiente soleado y cubriendo un festival de cine me encuentro con un lugar increíble que no conocía: Cinema Paraíso.
“La conciencia descubre su libertad al sentirse obligada a condenar lo que aprueba”
“Teatros, salones de conferencias, de concierto, de exposición, son los templos de los filisteos”
“Al creerme dueño de una verdad no me interesa el argumento que la confirma, sino el que la refuta”
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano, cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)
CHAPINERO: LA TIERRA DEL RENACER PARA CINEMA PARAÍSO
Los que me leen frecuentemente en el ecosistema de bebidas y alimentos saben que parezco un disco rayado en expresar que Chapinero como localidad, y en especial el sector de Chapinero Central, Chapinero Alto y Chapinero Norte salvó la salud mental de las comunidades e inició antes que la clase política -e incluso en su contra vía- con la reconstrucción del tejido productivo, social y ambiental. Fueron los restauranteros y emprendedores de Chapinero los que movieron a Bogotá en la peor crisis de lo que corre del siglo XXI a nivel mundial.
Esa crisis, la de la pandemia de 2020, tiene coletazos aún hoy en día, y probablemente hasta el fin de la década. Y muchas, muchísimas instituciones tuvieron que cerrar sus puertas para siempre. Ese fue el caso del Cinema Paraíso, un ícono de las salas de cine independiente que se la juegan por llevar una oferta cultural no convencional para las salas de franquicias comerciales.
Como reseña el diario El Tiempo esto
“(...) Su historia
Y es que su buena reputación se ha ido formando desde 1996, cuando lo que era una casa republicana de un piso se convirtió en una combinación de bar y sala de cine.
Tan solo dos años después ya era reconocida como una de las mejores salas de cine independiente en la ciudad, fue completamente remodelada respetando las características arquitectónicas del barrio. Por otro lado, al lugar se le agregaron cuatro pantallas con proyección digital y sonido Dolby 7.1.
Este establecimiento, además de exhibir una programación variada e innovadora con películas independientes y extranjeras, se convirtió en un espacio multifuncional, ideal para la realización de eventos y actividades.
“Es un espacio excepcional, dotado con cómodos asientos, así como un café bar y una carta de primera línea. La remodelación estuvo a cargo del arquitecto Luis Restrepo, con quien trabajamos de la mano para imprimirle al espacio un sello único, propio de un teatro de este tipo. Aquí, la experiencia de ir a cine se convierte en nuestro valor más importante”, dijo la compañía en su momento”
Cuando el 1 de mayo de 2023, se realizaron las últimas funciones de despedida, de cierre definitivo después de veinte años en la zona central de Usaquén, debido al alza de precios excesiva de los arrendamientos en la zona, que llegaron después de la recuperación de los precios después de la excesiva baja de los precios de arrendamientos debido a las quiebras masivas del comercio pospandemia entre 2020 y 2022. Y hasta aquí hubiera sido el final de Cinema Paraíso, quedando como la anécdota en fotos, recuerdos y reseñas de un emprendimiento cultural que alguna vez fue. Pero no, Chapinero y su magia reseñada de nuevo por El Tiempo:
“El pasado primero de mayo, muchos cinéfilos expresaron su tristeza al enterarse del cierre de Cinema Paraíso, ese icónico lugar que durante más de dos décadas fue un oasis para el cine independiente, alejado de los convencionalismos de la grandes cadenas exhibidoras.
Y es que ir a Cinema Paraíso era más que ir a ver una película, era una experiencia que incluía un delicioso café, un coctel, algún plato o postre y la posibilidad de ver en una cómoda poltrona el título que no se encontraba en ninguna otra sala.