Nos acercamos al segundo año de un gobierno que descree y, además, da rienda suelta al denuesto contra las empresas. Reformas como la pensional o a la salud evidencian una animadversión contra todo aquello que tenga el rótulo de privado. El famoso ‘chu chu chu’ o la ‘crisis explícita’ que anunció el Gobierno desde su primer intento de reforma a la salud evidenció que términos como utilidad, rentabilidad o sostenibilidad le causan molestia.
El caos ha sido la estrategia elegida por el presidente Petro. Las empresas han sido su conejillo de indias, el Señor Jones de ‘Rebelión en la granja’, ese personaje que encarnaba, según los cerdos que comandaban el establo y que luego se corrompieron, el despotismo y la opresión contra la clase trabajadora, en el libro distópico de George Orwell.
Al presidente le interesa tener la razón. Así, simple. No importa tanto si en el medio muere gente por falta de atención en salud o si los jóvenes no pueden ni siquiera aspirar a una pensión en su futuro, porque Colpensiones podría quebrarse en unos 20 años, según advierten distintos expertos. Pero esos son problemas menores comparados con el hecho de ‘tener la razón’. La era de los consensos y los puntos medios ya pasó.
En lo referente a la salud, en su momento la exministra Corcho le contó al país el objetivo de promover una crisis explícita para promover una reforma. ¡Cómo si la vida fuera un juego! Luego, se sentaron con pasividad y ahogaron a las EPS, incluso a las mejores, que eran referente de buenas prácticas en el país. Esa acción, o inacción para ser más preciso, acorraló a empresas buenas, con miles de empleados que ahora no logran conciliar el sueño porque no saben qué deparará su futuro. La pregunta que procede hacerse es ¿cuál será el próximo sector?