La extrema izquierda, representada por el Partido Comunista Colombiano (PCC) —fundado en 1930 y del cual surgieron en 1964 las FARC-EP como su ilegal brazo armado—, logró llegar al poder tras 92 años, de la mano del más incompetente de la izquierda —si es que lo es—: Gustavo Petro Urrego.
De cara a las elecciones de 2026, esa izquierda intentará conservar el poder apoyándose en la figura de Iván Cepeda Castro, hijo de Manuel Cepeda Vargas, quien fuera —no por coincidencia— secretario general del PCC. Vale recordar que este partido, junto con las FARC-EP, dio origen a la Unión Patriótica (UP) que hace parte de la coalición del Pacto Histórico, que en 2022 llevó a Gustavo Petro Urrego a la Casa de Nariño.
La relación de los señores Cepeda Vargas y Cepeda Castro con las FARC-EP —hoy conocidas como disidencias de las FARC— es más que evidente. En tiempos del primero se promovía la estrategia de la “combinación de todas las formas de lucha”, y de la cual él mismo terminó siendo una de sus víctimas. El nombre del segundo aparece mencionado en los archivos incautados al terrorista Raúl Reyes, quien lo refiere como “compañero” y destaca su papel como colaborador desde la “civilidad”. Cercanía que se halla reforzada por la férrea y pública defensa de Cepeda Castro al bandido Jesús Santrich. Pareciera seguir vigente esa “combinación de todas las formas de lucha”.
La izquierda, por sí sola, no tenía ni tiene opciones reales de alcanzar el poder. Su llegada a la presidencia fue posible gracias a una perversa alianza estratégica bajo la consigna de “toconUribe” —todos contra Uribe—, impulsada por sectores de la izquierda nacional con aliados ideológicos en América Latina y el necesarísimo apoyo de la vieja y cuestionada clase política tradicional: figuras como Ernesto Samper Pizano —elegido con dineros del narcotráfico—, Juan Manuel Santos —vinculado al escándalo de Odebrecht—, y sectores del Partido Liberal y del Partido Conservador con intereses estrictamente personales para su propio beneficio. Hoy, Álvaro Uribe Vélez, recupera con creces su vigencia y poder político. La perversa estrategia en su contra se desbarató solita.
El nuevo nombre que estos viejos políticos —como Roy Barreras, Daniel Quintero, Mauricio Lizcano, Juan Fernando Cristo, Armando Benedetti, entre otros— proponen para los incautos y desinformados, y que parece contar con la coautoría y el respaldo de Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, es el “Frente Amplio”. A este proyecto de la nefasta politiquería tradicional aspira llegar el estruendosamente derrotado Iván Cepeda Castro, quién sus únicos logros es atacar fallidamente al presidente Uribe Vélez y ser amigo de las FARC.