En la tarde de un domingo difícil para Bogotá y para el país, con dos sinos horribles para su presente inmediato -ojalá no para el futuro-, creo que pude encontrar en mi trasegar como crítico de restaurantes con apenas dos años en este frente del apoyo desde el periodismo a la gastronomía y la industria de bebidas y alimentos. Una agridulce fecha para regresar con las crónicas para este prestigioso medio, hablando del último restaurante de la cadena hotelera Minor Hotels Europe & Americas, La María, un lugar que sin duda puede y debe convertirse en el lugar favorito de los domingos y todos los días en el sector empresarial de la frontera entre Usaquén y Chapinero de Bogotá en la calle 100.
“Ser rebelde no es tomar un arma. Ser rebelde es expresar emociones con arte. La violencia no tiene fin, el arte tiene un fin”.
Gaggan Annand, músico y chef indio radicado en Tailandia. (1978)
“Me dormí llorando y experimenté como un vago presentimiento de muchos pesares que debía sufrir después. Esos cabellos quitados a una cabeza infantil; aquella precaución del amor contra la muerte delante de tanta vida, hicieron que durante el sueño vagase mi alma por todos los sitios donde había pasado, sin comprenderlo, las horas más felices de mi existencia”.
Fragmento “La María” (1867) de Jorge Isaacs, escritor y político colombiano (1837-1895)
“La xenofobia nacionalista preserva intactos alimentos deliciosos para los que no son ni nacionalistas ni xenófobos”
“La belleza no sorprende, sino colma”
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano. Cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)
EL REGRESO Y EL ENCUENTRO
Siempre será un placer regresar a estas páginas que generosamente me da Kien y Ke para narrar la gastronomía de los héroes y heroínas que contra viento, marea, terremotos, terrorismo, reformas laborales, populismo y un largo etcétera hacen y contribuyen a que Colombia tenga una economía sólida, sea un sitio agradable para vivir y que tenga un punto de imagen positiva constante a través de su dolora historia reciente. La sociedad colombiana afortunadamente se está haciendo más consciente del valor de la comida, quienes la hacen y su industria; y que eso no es un asunto “de izquierdas”, “nuevos ricos” o “light” (como me señaló alguna vez un colega , sino un indicador de bienestar colectivo además de económico.
Y en medio de este domingo caótico, como muchas veces, sin riesgo a sonar new age, a veces los peores momentos son el camino para encontrar ese sitio que nos conecta con una geografía: la casa de un amigo, una librería, una tienda, un puesto informal, un restaurante, una panadería, una farmacia. Ese lugar que es nuestro eje común, que es más que comprar y vender, que llena algo más que un antojo, creo que lo encontré en La María del hotel NH Collection del World Trade Center de la calle 100.
Un lugar revestido de amplitud, elegancia, ambientado literariamente como los espacios comunes y otros escenarios del Hotel como el bar La Vorágine -obra del escritor huilense José Eustasio Rivera que en 2024 cumplió 100 años de su publicación y mensaje poderoso que va más allá del romanticismo costumbrista, como también lo fue La María-. Y soy feliz de que este nuevo lugar favorito esté ubicado en la frontera de mi territorio favorito Chapinero con la localidad de Usaquén, en esa bella línea de continuidad entre un comercio vibrante con la institucionalidad y los amplios bosques verdes contiguos a los cerros orientales y a la zona del Cantón Norte, como llamando a escuchar diferentes historias, como diciéndonos rutas para el camino de una nueva vida.
¿Y qué es Jorge Isaacs Ferrer para mí? Antes que leer La María, admiro la vida como político quien estuvo a la altura de un estadista, un pionero y un emprendedor en todo el sentido. Haber ayudado a la expedición que lleva al descubrimiento del petróleo en Barrancabermeja, haber dado todo por hacer una revolución contra el gobierno conservador de Antioquia -siendo caleño y representante a la Cámara por el Tolima-, haber salido del conservatismo al liberalismo radical y ser un aventurero que incluso llegó a documentar las comunidades indígenas del departamento del Magdalena (principalmente las de la Sierra Nevada de Santa Marta). No le tuvo miedo a fracasar en el comercio, a que sus poemas no tuvieran público, a tener que vender sus haciendas azucareras, a llegar a Bogotá a buscar abogados y, de cierta forma empezar de ceros.