En el primer año de Gobierno de Galán (2024), según lo reportado por El Observatorio de Derechos Humanos y Conflictividades de Indepaz, se presentaron en Bogotá 6 asesinatos de líderes y lideresas sociales, así como una masacre con un saldo de tres personas muertas. Bogotá cerró el 2024 con cifras alarmantes en materia de seguridad, consolidándose como el periodo más violento desde 2016: según lo revelado por el programa Bogotá Cómo Vamos 1.204 personas murieron en hechos de violencia, lo que representa un incremento de más de 110 personas asesinadas en comparación con el 2023. Mientras el Alcalde Galán goza de una buena alianza mediática que resalta sus “virtudes”, la situación de inseguridad tiende a empeorar: según señala la prensa, hasta el 15 de febrero de 2025 se cuentan 133 casos de homicidios, 16 más que los registrados hasta el mismo periodo del año anterior. Ciudad Bolívar, Suba y Kennedy son las localidades más golpeadas por este delito; las dos primeras reportan incrementos exponenciales de los homicidios, llegando al 130% y 400% respectivamente.
Estas lamentables cifras muestran un panorama de incertidumbre para la ciudad que deja en entredicho la promesa del slogan de esta administración, pues hasta ahora Bogotá no camina segura. Las cifras negativas no solo se concentran en homicidios, el último boletín Mensual de Indicadores de Seguridad, Convivencia y Justicia, correspondiente al mes de enero de 2025, nos indica que la violencia intrafamiliar aumentó un 47.5%, pasando de 2,085 casos en enero de 2024 a 3,076 en enero de 2025; la extorsión subió un 15.1%, pasando de 126 casos a 145, y las lesiones personales aumentaron el 8.2%, pasando de 1,156 casos en enero de 2024 a 1,251 en enero de 2025. En materia de convivencia se registra un aumento del 23.8% de las riñas; 53.05% por ruido, y 34.82% por incidentes de disparos. Si bien los hurtos se han reducido en promedio un 30% y los delitos sexuales un 30.1% en el mes de enero, se siguen presentando incrementos de estos delitos en lugares sin localización, presuntamente en el transporte público donde el 58.3% de los y las ciudadanas se sienten insatisfechas por los robos y el acoso (Encuesta de Percepción Ciudadana -Bogotá Cómo Vamos, 2024).
Bogotá cuenta con varios diagnósticos que caracterizan las causas, consecuencias y repertorios de la criminalidad en su territorio. Por ejemplo, la alerta temprana 004 de la Defensoría del Pueblo ubicó las amenazas a la vida, integridad, libertad y seguridad en 22 UPZ ubicadas en 9 localidades de la ciudad como consecuencia de la guerra por el control territorial y las rentas criminales por parte de Grupos Armados Organizados, Grupos Delincuenciales Organizados y Organizaciones de Crimen Transnacional. En este sentido, también encontramos en el informe que presentó la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) a finales de 2024, titulado “mapa del delito: la urbanización del conflicto en Colombia”, un especializado análisis que da cuenta que en la ciudad de Bogotá operan “al menos 85 organizaciones; de las cuales, 3 corresponden a Grupos Armados Organizados (GAO) como el ELN, la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo; 3 a Grupos Delincuenciales Organizados (GDO) como La Oficina de San Andresito, el Tren de Aragua y la Nueva Junta Directiva del Narcotráfico; y 79 a Grupos Delincuenciales Comunes Organizados (GDCO), dedicados principalmente al microtráfico, al hurto y a la extorsión” (Pp.16).
En la dinámica evolutiva del ecosistema criminal bogotano se presentan, cada vez de manera más reiterada, casos como el ocurrido a finales del mes de febrero en la localidad de Santa Fe, donde en menos de una semana se perpetraron dos atentados con explosivos en el barrio San Bernardo. Todo parece indicar que se trata de acciones de confrontación entre estructuras criminales que se disputan el control de este “santuario criminal”, sobre todo con el fin de obtener el dominio de las rentas criminales del narcomenudeo de esta zona de la ciudad. No basta pues con capturas de supuestos cabecillas, o medidas de control como limitar la movilidad de las y los ciudadanos; tampoco parece suficiente incrementar el pie de fuerza en la ciudad y, últimamente, alentar sin ningún control frentes de seguridad ciudadanos, que terminan extralimitando sus funciones, está fertilizando el panorama de inseguridad en Bogotá; más cuando grupos de extrema derecha están ganando espacio allí para incentivar acciones violentas, de odio y contra los derechos humanos.
Una estrategia integral de seguridad para Bogotá debe partir de un entendimiento holístico del repertorio criminal, de los niveles en que este se articula y de las acciones de coordinación interinstitucional que desde todos los niveles político-administrativos (local, distrital, departamental, regional y nacional) se requieren para confrontarlo. Esto en el marco de la seguridad humana como nueva concepción de la seguridad nacional que implica, entre otras comprender las causas estructurales que dan origen y/o propician el delito, sin que esto implique detener las acciones inmediatas por parte de las autoridades para dar con los responsables, imponer sanción penal y disuadir a las personas de cometer delitos o servir en estructuras criminales.
Algunas de estas propuestas se encuentran en la Política de Seguridad, Defensa y Convivencia Ciudadana “Garantías para la Vida y la Paz. 2022-2026”, y otras surgen de las necesidades evidentes de la ciudad para enfrentar este tema: