Sobre la base del Estado Social de Derecho la seguridad es uno de los principales y más importantes bienes públicos y colectivos que todo gobierno debe proveer a sus habitantes. Es una de las garantías con más valor en la sociedad, y se requiere que el Estado asegure el orden público para que el ciudadano se sienta a salvo de cualquier daño que pueda ser causado por otros.
Es relevante comprender la naturaleza multidimensional de la seguridad, la cual está estrictamente ligada a diversos niveles del Estado como son las condiciones societales, políticas, económicas y ecológicas, las que al verse afectadas por factores externos vulneran la integridad de la población y su entorno. Al igual, se suma la percepción subjetiva de la seguridad, que hace relación al imaginario social sobre la valoración de las amenazas en el territorio.
En Colombia, la guerra de guerrillas que se vivió desde la mitad del siglo XX persistió por casi 60 años, fueron asesinadas más de 220 mil personas y desplazados más de 6.5 millones de habitantes. A pesar, que en el 2016 se firmó la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en donde, tras su desmovilización se formaron nuevos grupos armados, y se fortalecieron los existentes en diversas regiones.
Dicha situación provocó el incremento de la violencia debido a la baja presencia de la institucionalidad estatal en los antiguos territorios de dominio de las FARC, y al fracaso de las administraciones anteriores para implementar el acuerdo de paz, y peor aún se produjo una falla gravísima ante la incapacidad del Estado para salvaguardar la totalidad de la vida de los combatientes desmovilizados.
Esto implica que la seguridad ha regresado a ocupar las primeras preocupaciones de los colombianos, quienes consideran que se debe replantear el concepto, rediseñar la estrategia y abordar los vacíos legales para evitar empoderar al delincuente y seguir perdiendo el control de más zonas en el país, lo que ha causado una sensación generalizada de inseguridad en muchas ciudades.
La política central de paz del gobierno ha sido denominada “paz total”, proyecto que le apunta a negociar con tantos grupos armados como sea posible con la esperanza de poner fin a la violencia en Colombia, negociaciones que no han servido para apaciguar el conflicto, y en las que todavía hay muchos cabos sueltos; situación que influye no solo en Colombia, sino también en sus vecinos y en el mundo.
Por ejemplo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla marxista-leninista, con la cual los últimos gobiernos han mostrado su interés de negociar su desmovilización, intentos que en su totalidad han sido un fracaso. El ELN se presenta renuente en la mesa de diálogo y con posiciones tan radicales que desconciertan frente a su voluntad de finalizar la guerra contra el Estado.