Los mercados internacionales premian la coherencia y castigan la improvisación. En momentos en que Colombia enfrenta desafíos económicos sin precedentes, enviar un mensaje de responsabilidad fiscal es vital para recuperar la confianza pérdida. Los inversionistas, las calificadoras y los organismos multilaterales observan con atención cada decisión presupuestaria, por eso, resulta incomprensible que el Gobierno insista en aumentar el gasto y con ello el déficit, justo cuando más se necesita demostrar control y credibilidad.
Un déficit desbordado no solo debilita la capacidad del Estado para sostener la inversión social, sino que incrementa el riesgo país, eleva el costo de la deuda y ahuyenta la inversión extranjera. La decisión es clara: demostrar disciplina presupuestaria y estabilidad económica o arriesgar el futuro del país transitando la peligrosa senda de gastar más allá de sus posibilidades.
La reciente propuesta del Gobierno Nacional para el Presupuesto General de la Nación 2026 refleja un giro preocupante. Apenas un mes después de haberse aprobado el Marco Fiscal de Mediano Plazo, el plan financiero fue modificado para incrementar el gasto primario en $18,2 billones, situación que llevó a que el déficit primario pasara de 1,4% a 2% del PIB. Si bien es cierto que la proyección del déficit fiscal se mantiene en 6,2%, esto se debe a la reducción en lo programado para el pago de intereses de deuda. Estas decisiones, adoptadas sin ninguna explicación técnica robusta ni un contexto extraordinario que las justifique, debilitan los instrumentos de planeación fiscal y envían una señal de inestabilidad institucional.
El Marco Fiscal de Mediano Plazo debe ser la hoja de ruta de la política económica del país y desconocerlo tan pronto después de su publicación, no sólo desdibuja su relevancia, sino que deteriora la confianza en el compromiso del Gobierno con la sostenibilidad fiscal.
Como si fuera poco, la calificadora Moody´s redujo la calificación crediticia del país de Baa3 a Baa2 debido al deterioro proyectado de los indicadores de deuda del Gobierno.
Esto refleja la desconfianza internacional respecto a la capacidad del país para ordenar las finanzas públicas. Cuando una agencia reduce la calificación soberana, no sólo está anticipando más dificultades para pagar la deuda, sino también está enviando una alerta sobre la calidad de la política fiscal y la gobernanza económica del país. Además de esto, se suma un dato inquietante que fue revelado por el equipo de investigaciones del Banco Popular, en el que se indica que Colombia se convirtió en el sexto país del mundo con el costo de endeudamiento más alto.