El resultado de las elecciones presidenciales ha dado una sacudida en todas las esferas políticas de nuestro país, y no es para menos, en Colombia jamás ha gobernado un líder de izquierda y los espejos de los países de la región, no develan un futuro prometedor.
Tenemos a un país dividido, resignado en este momento, a la victoria de un contrincante, en el que por cierto, poco confiamos, pero al que por lo menos, debemos desearle suerte, para que no nos lleve al temido fracaso. Sin embargo, esto no significa que lo validemos, es solo la manera de acatar las normas establecidas en nuestra Constitución.
Y es precisamente en pro de una sana democracia, que hoy veo con beneplácito, la eventual reunión que se adelantará entre el expresidentes Álvaro Uribe y Gustavo Petro. No porque esta suponga claudicar a nuestros principios y entregar nuestras banderas, sino porque significa que el Centro Democrático es y será, como pintan las cosas, el único partido que hará una verdadera oposición al gobierno de turno.
La invitación de Petro a Uribe pone de manifiesto, la importancia que tiene su mayor contrincante y lo trae a la escena política, precisamente, por esos colombianos que no estamos de acuerdo con su programa, estrategias ni convicciones. Como lo dijo el presidente Iván Duque “puede ganar las elecciones con el 50%, pero no se puede gobernar con el 50% en contra”, de manera que será de suma importancia para el electo presidente, llegar a un consenso que le garantice un gobierno con una oposición menos reacia y más receptiva.