Si Jaime Martínez Porras, el hombre cuyas exequias se están celebrando hoy, fuera descrito integralmente en palabras de algún argentino, diría que fue un “Pan de Dios”, así de manera franca y contundente. Y es que ese ser humano fue durante su larga vida, sobre todo, una buena persona. Porque desde las artes que cultivó siempre, entendió que la dimensión del ser tenía que extenderse también a lo espiritual, a lo emocional, porque lo físico y lo intelectual, tan cuidado y tan exigido, no bastaba.
Por ello se recreaba en la literatura, y muy especialmente en la poesía de Barbajacob con quien hoy, en su viaje a la eternidad, seguramente, en un dueto imaginario, estará recitando emocionado:
“…Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!
Y seguramente retener no, pero su hija, Nubia Stella Martínez, la directora nacional del partido Centro Democrático, al igual que toda su familia y amigos, se quedarán con la imagen imborrable de ese fanático de la información y lo recordarán en todas sus facetas como editor familiar de las noticias que recortada de periódicos y revistas para que en su casa nadie dejara de estar enterado de los hechos del país y el mundo, mientras él se dedicaba a leer intensamente libros de historia, otra de sus pasiones, de gastronomía o las biografías de las personalidades del mundo.