Covarachia, Boyacá, lo vio nacer; hijo de una familia de la que forjó los valores, esos mismos que nos inculcó a nosotros como su descendencia. Muy joven encontró la vocación en su amado y glorioso Ejercito Nacional de Colombia, de la que con orgullo y honor lució su uniforme.
El Sargento Palencia se caracterizó por ser un hombre con una disciplina muy marcada que siempre aplicó durante el camino de vida que recorrió. Miles son las historias que recordaba a su paso como militar, pero está la más especial entre todas ellas: Floralba.
Allí empezó su historia de amor, conoció a aquella enfermera de la que se enamoró y con la que compartió durante más de 60 años. Nancy, Carlos, Hoover, María, Alba Luz, José Miguel y Paulo, son el fruto de esa magna unión.
Fue un hombre que siempre pensó en su familia por sobre todas las cosas, en compañía de su esposa valoró, educó y alimentó a sus hijos, guiandolos con sus virtudes a trasegar la vida y una herencia que también trasladó a nosotros sus nietos.
El azul, su color favorito, camisas, buzos, carros y hasta la fachada de su casa las prefería de ese tono. Me contaba mi papá - Carlos - que apenas compró una casa en el barrio San Francisco de la ciudad de Tunja, lo primero que hizo fue pintar la gran fachada de ese color; todo por seguir los ideales del Partido Conservador y los goles de Millonarios.
Su vida la dedicó a servir a la patria, a su familia y a también a la comunidad; fue alcalde del municipio de Monguí, Boyacá - famoso por ser el pueblo donde se fabrican balones - y en donde dejó una gran impronta: en 1982, el municipio recibió el premio como ‘el pueblo más lindo de Boyacá’, un reconocimiento muy importante en el departamento y que bajo su gestión logró sembrar esa semilla, para lo que hoy en dia es Monguí como un importante atractivo turístico a nivel nacional.
Abuelo
Siempre lo recordaré por su carácter, cariño y una muy buena persona. Aquellos desayunos y almuerzos en los que mostraba su afecto compartiéndonos sus bocados, los viajes a la finca, sus historias en la vida militar y la disciplina que inculcó.
Nunca olvidaré aquella vez acompañados de un chocolate con galletas, en la que me ofreció patrocinar una carrera militar - siempre tuvo el anhelo que alguno de sus hijos o nietos recorrieran sus pasos castrenses - ,él siempre preocupado por el bienestar de cada uno de nosotros y tener objetivos de vida; pero tuve que negarme, ya que nunca contemplé ese camino. No le gustó mi respuesta y dejó de hablarme por un tiempo, y luego con un abrazo y sonrisas “limamos asperezas”.