El teniente Cristian Camilo Afanador Botero no dejó de servir cuando perdió una pierna. Cambió el campo de operaciones por las aulas de formación militar, pero mantuvo intacta la vocación que lo llevó a vestir el uniforme del Ejército Nacional.
Hoy forma a los futuros suboficiales de la institución en la Escuela de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá y también representa al Ejército como nadador paralímpico. Su historia es la de un hombre que enfrentó una de las pruebas más duras de la vida y decidió levantarse para seguir sirviendo.
El 21 de noviembre de 2021, durante una operación militar contra el Clan del Golfo en el departamento del Chocó, una mina antipersonal explotó cuando avanzaba junto a su unidad. Once soldados habían pasado antes por el mismo lugar. A él, la detonación le cambió la vida.
Vea también: Más de 6.200 militares desfilarán en Bogotá
La explosión le arrebató la pierna izquierda, le causó fracturas en la mano derecha y dejó esquirlas en varias partes de su cuerpo. La evacuación no fue inmediata. Las condiciones del clima hicieron que tuviera que esperar cerca de nueve horas antes de ser trasladado a un centro asistencial en Cali.
Una decisión más fuerte que la adversidad
La recuperación fue larga. Terapias, dolor, adaptación a una prótesis y un diagnóstico médico que estableció una pérdida del 90 % de su capacidad laboral marcaron el inicio de una nueva etapa.
Pero para el teniente Afanador, esa condición no significó el final de su vida militar. Por el contrario, se convirtió en una nueva forma de servir. Desde su experiencia, hoy les enseña a los futuros suboficiales que el liderazgo no se mide solo en el campo de combate, sino también en la capacidad de resistir, reconstruirse y seguir adelante.