Karen Ardila recibió la peor noticia de su vida el pasado martes 1 de diciembre. Hacia las 2:00 de la tarde uno de sus tíos la llamó para avisarle que varios policías estaban en su casa ubicada en Sucre (Santander) porque minutos antes ocurrió un atroz crimen: le dijeron que su papá, Carlos Ardila Escamilla, asesinó a tiros a su mamá, Johanna Ariza Romero.
La joven pensó que todo se trataba de una terrible pesadilla y lo primero que hizo fue comunicarse al teléfono de su madre con la esperanza de que ella contestara. Sin embargo, quien respondió fue su tía Dora Ardila y, en medio del llanto y la desesperación, le confirmó: “¡Su papá mató a su mamá, su papá mató a su mamá!”.
Johanna Ariza Romero, de 41 años de edad, recibió un impacto de bala en la cabeza que le arrebató la vida de inmediato. El supuesto asesino, por su parte, escapó del lugar antes de que los vecinos avisaran a la policía y encontraran el cadáver de la mujer tendido en la sala de la vivienda. Desde ese momento las autoridades no han tenido ninguna pista de su paradero.
Karen Ardila le contó a KienyKe.com el esfuerzo que ella y algunos miembros de su familia han hecho para encontrarlo, pues asegura que su papá sí es el feminicida. La joven afirmó con certeza que no descansará hasta que su progenitor pague por lo que le hizo al ser que ella más amó en este mundo, quien fue su apoyo, guía y mejor ejemplo.
Un manipulador
Karen, de 26 años de edad, señaló en diálogo con KienyKe.com que su padre Carlos Ardila Escamilla se caracteriza por ser una persona impulsiva, grosera y manipuladora. Aseguró que quería controlar la vida de su madre, pues no la dejaba ponerse vestidos, maquillarse, tener redes sociales, compartir con sus amigos y que, incluso, la amenazaba con suicidarse si ella se decidía a dejarlo.
“En estos últimos meses ella me decía que estaba cansada, que mi papá nunca iba a cambiar y que se quería ir de la casa. Desde hace tiempo manifestó ese malestar y mi papá, que era transportador, no volvió a trabajar para vigilarla. Cuando ella le decía que no quería seguir con la relación él se desesperaba, y un día compró un revólver con el que se apuntó en la cabeza para amenazarla y decirle que se iba a matar”, narró.
La joven mencionó que muchas veces habló con Carlos para tratar de mejorar la situación. Sin embargo, comentó que fue imposible porque él manifestaba que Johanna “no lo podía dejar debido a que eso era una maldición para toda la familia”.
“Él a cada rato me decía ‘si ella se va yo me mato’ o también le insinuaba que le ‘daría dónde más le dolía’ si se iba, es decir, que nos haría daño a mi hija, a mí o a mi hermano. Por esa razón mi mamá nunca lo denunció ni fue capaz de irse. Tenía mucho miedo a que algo nos pasara y fue ultrajada por muchos años, no comía, casi no hablaba, lloraba y me pedía ayuda. Habíamos pensado en que se escapara, pero nunca se pudo”, indicó.