José Luis Matos tiene 25 años y su vida no ha sido fácil. Hasta hace poco vivía en las calles del barrio Cabecera de Bucaramanga, rebuscando algún trabajo para hacer o pidiendo a transeúntes, de puerta en puerta, o lo que fuera necesario para poder conseguir comida para él y sus dos secuaces: la Nena y el Shaggy, dos perritos callejeros como él, que lo catapultaron a la fama.
Choco no es de Bucaramanga, pero la vida lo llevó hasta allí. El Peñón, Bolívar, municipio donde vivió los primeros años y queda a 851 kilómetros de Bucaramanga. El mismo que dejó a los diez años por ser víctima de un grave caso de violencia intrafamiliar.
“Yo soy de El Peñón, Bolívar, en mi familia había violencia intrafamiliar y la verdad a mí me maltrataron mucho y decidí irme de mi casa a la edad de 10 años. Desde muy pequeño me tocó vivir mi propia realidad”, recuerda José Luis Matos.
De niño emprendió su camino hacia Barranquilla, buscando dejar atrás los problemas familiares, pero como dicen en la calle, ‘de Guatemala se fue a Guatepeor’: “de El Peñón me fui a Barranquilla porque mi padrastro me dijo que me fuera con ellos. A mí me crió mi tatarabuela, pero allá las cosas eran peores, nunca tuve a mi papá al lado y me fue mal con mi padrastro. Empezaron los problemas”.
De allí, siendo solo un niño, empezó a vivir en la calle y rodó por municipios como Valledupar, Santa Marta, Cartagena, hasta que años después logró asentarse en Bucaramanga. Allí conocería su nueva familia canina, los que hoy son su mayor orgullo y lo llenan de alegría a diario.
Hace diez años, mientras deambulaba por las calles de la ‘Ciudad Bonita’, vio a una pequeña perrita perdida, desorientada. A Choco le gustaron siempre los animales y entiende perfectamente a los perros callejeros, pues sabe por experiencia lo que significa estar solo en la calle. “A nena me la encontré en un parque con un collar en Bucaramanga. Nadie me la reclamó y hasta ahora sigue conmigo”, contó Matos.
Algo bastante particular es que Choco no perdonaba perrito que viera en la calle, inmediatamente lo tomaba bajo su custodia. Cuando aparecían sus dueños él con gusto se los devolvía y en ocasiones le daban algo por haber cuidado de sus mascotas en la calle. El buen Choco evitaba que los caninos fueran atropellados o maltratados y hasta les daba comida con lo poco que ganaba.
Fue entonces cuando llegó a su vida su otro mejor amigo, el Shaggy. “A Shaggy me lo encontré en el Parque los Leones en Bucaramanga. Yo vi a Shaggy y pedí un collar para recoger ese perro perdido. Yo cogí a Shaggy y al rato llegó el dueño y se lo llevó. Pero a los días lo vi al lado mío, dónde yo dormía. Entonces yo dije uy cómo así, bienvenido de nuevo y ahí quedó marcada nuestra amistad. Shaggy, la nena y yo, las chocoaventuras”, recuerda entre risas el actual influencer de Bucaramanga.
Los dos perritos que rescató lo siguen a todos lados, le obedecen y hasta duermen con él. No les importó si estaba en un cartón en la calle o bajo la lluvia, los animales se mantuvieron fieles a su humilde amo.
Las primeras aventuras de Choco y sus perros era en la calle, si tocaba pedir, pedían y si había que trabajar, trabajaban. Los tres eran expertos cuidando carros estacionados en la calle y sus perros eran buenos guardianes para ahuyentar a los amigos de lo ajeno.
“Al retaque, tocaba pedir. Pedía en todos lados, mucha gente me colaboraba gracias a Dios y la comida que compraba era para los tres. Los mejores días nos comíamos una caja grande de arroz chino y nos ganábamos el dinero cuidando carros”, contó con nostalgia Choco sobre sus días de ser habitante de calle.
La verdadera historia del cumpleaños callejero
Contrario a lo que piensan muchos, la grabación del cumpleaños en la calle no fue una puesta en escena ni algo preparado con antelación. Choco recuerda con cariño ese día porque para él fue especial, porque además era el aniversario de su amigo perruno ‘El Shaggy’.
“Ese día Shaggy estaba cumpliendo cuatro años de estar conmigo y todo se dio ese día. Íbamos caminando y vi que una señora iba a botar ese ponqué saliendo de la panadería, que porque la habían devuelto, entonces que era contaminación del producto y yo se la pedí”, relató el Choco.
Si había torta había fiesta, ya tenían lo más importante. Pero una fiesta digna de Shaggy no podía quedarse allí, por lo que José Luis Matos siguió buscando. Unos platos plásticos que alguien había echado al reciclaje eran perfectos para los tres y una donación de un transeúnte le permitió comprar una vela y tres gorritos de cartón: Todo estaba listo para la celebración.
Sin embargo, en la soledad de la noche Choco se percató de que había un infiltrado: “Me di cuenta que había alguien grabando pero yo estaba en la mía, sentado. Yo no le dije nada, ojalá sea para algún bien, pensé”.
El video muestra el momento en que Choco le pone los gorritos de cartón a la Nena y a Shaggy. A cada uno le da su respectiva porción de torta y procede a cantar el cumpleaños. En el ambiente hay algo de nostalgia y a Choco se le salen algunas lágrimas a ver a sus perros comiendo, pues son sus únicos amigos en medio de una ciudad de más de 580 mil habitantes.