Es la mañana del viernes 13 de noviembre en Bogotá. La selección Colombia disputaría un partido contra Uruguay en la tarde, por las eliminatorias del Mundial de Fútbol de Catar 2022. Cuando no había covid, un viernes de partido antes de un puente festivo sería una excusa perfecta para ponerse la camiseta amarilla, salir un poco más temprano del trabajo y encontrarse con los amigos. Los buses de TransMilenio pasarían llenos de personas que se dirigían a sus destinos vestidas de amarillo, azul y rojo. A pesar de que la gente en Bogotá está siempre apurada, se sentía un aire diferente, un ambiente festivo.
Sin embargo, este viernes frío no se prestó para celebraciones. La necesidad de distanciamiento social impuesta por la pandemia mantuvo a varios trabajando desde sus casas. Algunas personas que salían a la calle hacían breves diligencias y desaparecían del paisaje. Los dueños de la mayoría de los locales abrieron como si se tratara de un día normal: a diferencia de los días antes de la covid, no valía la pena decorar el lugar o poner ofertas porque producirían una aglomeración innecesaria. “No vale la pena e igual no pueden venir a verlo aquí”, dijo Tatiana, encargada de un pequeño local de empanadas cuya fachada tiene el letrero “aforo: 0 personas”.
De todas maneras, algunos entusiastas se presentaron a sus puestos de trabajo vestidos con sus camisetas y contaron a Kienyke.com cómo planeaban vivir el partido ahora que no pueden reunirse. Por supuesto, ninguno de ellos acertó el marcador final.
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El sueño frustrado
“Yo había comprado boletas para ir a Barranquilla en marzo, pero no se pudo por el tema de la pandemia”. Quien habla es Juan, el dueño de una ferretería. Cuando lo encontramos, estaba desinfectando el piso de su negocio y tenía puesta la camiseta original que había comprado para lucir en el Estadio Roberto Meléndez.
“Apenas me llegó la prima navideña y un sueldo que tenía acumulado, pagué todo. Me salió barato porque lo compré con anticipación: las boletas las compré cuando salieron y los tiquetes los compré mucho antes. Entonces, ya tenía todo listo”, recuerda con nostalgia, porque sería la primera vez que vería jugar a la selección. Este “hincha satisfecho” del Independiente Santa Fe, admirador de Sambueza, decidió cerrar el negocio temprano para ver el partido en casa. “Colombia ganará 2-0, con goles de James y Duván”, añadió.
El micrófono con el que grabamos la entrevista llamó la atención de Rafael, un vecino pensionado, quien contó que es abonado de Santa Fe “de toda la vida y por gusto mío”. Contó que él asistía al estadio a ver a su equipo cuando existían las tribunas de gorriones: aquellas exclusivas para niños que, además, era de ingreso gratuito. Una raya en la pared, que él dibujaba en el aire en medio de su recuerdo, distinguía a los niños de los hombres: “si usted era más alto que la raya, no podía entrar”.
Como aficionado del fútbol, ha asistido a los estadios varias veces para ver jugar a la selección. “Ir a los estadios me hace mucha falta por la alegría de la gente, pero uno no arriesga la salud a estas alturas”, concluye con nostalgia. Rafael esperaba ver goles de James, Cuadrado o Zapata.
El estruendo de siempre
La pandemia no le robó la alegría a Pedro, dueño de un negocio de repuestos electrónicos. Por muchos años ha sido vecino del barrio San Cipriano, en el norte de Bogotá, y atrae la atención a su negocio con música a todo volumen. La selección musical de hoy era colombiana.
“Siempre lo hago cuando juega Colombia. Saco el sonido para la calle y a los vecinos les gusta. Entonces, eso me acompaña”, cuenta con emoción. Su rostro se puso melancólico cuando tocamos el tema de su equipo favorito de la liga: “al que echaron de la liga: el Cúcuta Deportivo”. Dice con resignación que entiende que se trata de fallas de la dirigencia. “Pero bueno, tocará alentar a otro equipo durante esta liga. Me voy por Millonarios”.