Entre la selva espesa, ríos caudalosos, rodeado por los océanos Pacífico y Caribe, se encuentra el Chocó. Un departamento de Colombia que tiene marcado en sus tierras el ADN africano e indígena, el folclor remarcado por tambores que con sus ritmos frenéticos y fuertes hacen oír la voz de un pueblo históricamente afectado por la injusticia, la inequidad y la violencia.
Sobre las húmedas y tropicales tierras del departamento, están plasmadas las huellas de comunidades afrodescendientes y también de pueblos indígenas como los Tule, Wounaan, Embera, Dovida, Katío y Chamí que durante años se han preocupado por mantener el legado de sus antepasados. El 95% de los habitantes habla el idioma propio de cada pueblo indígena, además mediante la creación de piezas que muestran su cosmovisión, siguen plasmando su historia en cada hebra que se teje.
Entre esta población conformada por 454.030 habitantes se encuentra la comunidad Santa María de Pángala, ubicada a la orilla del río San Juan, conocido por ser uno de los más caudaloso de Suramérica y ofrecer a los pueblos aledaños la oportunidad de comercializar cultivos como la yuca, el arroz, azúcar, el fruto tropical chontaduro, la dulce papaya entre otros. Muchos pueblos rivereños trabajan en la agricultura, la pesca, la madera y las artesanías, que representan una oportunidad de sustento para estas comunidades revestidas de paisajes de ensueño.
En el resguardo Santa María de Pángala además de tener acceso a estos recursos naturales las manos fuertes de las mujeres llenas de herencia y tradición, logran realizar con el cogollo de una palma alta y espinosa conocida como Werregue, artesanías en las que se reflejan años de historia y apartes de su entorno.
Estas comunidades ven pasar frente a sus ojos el río principal del territorio, el San Juan, o como ellos lo llaman, Dochadó (Río Grande). Conocido por ser uno de los más caudalosos de Suramérica y de las más importantes vertientes del Pacífico Colombiano. Además de permitir la movilización de personas desde Docordó hasta Istmina con aproximadamente ocho horas de recorrido entre sus profundas y majestuosas aguas, también contribuye al comercio fluvial de los cultivos entre otras etnias como los Embera, Tule y Kuna.
Las comunidades indigenas Santa María de Pángala y Puerto Guadalito además de compartir actividades productivas similares, están conectadas por creencias religiosas que veneran a la naturaleza y que son transmitidas de generación en generación por abuelas y madres. Estas mujeres cumplen un papel muy importante, pues gracias a ellas las tradiciones como el manejo de la tierra para la agricultura, la concepción del territorio como un lugar sagrado y las técnicas de tejido, hoy permanecen vigentes.
Es en el arte de tejer, que muchas mujeres indígenas representan su cosmovisión y la realidad que los rodea, por lo que en cada punto que se entrelaza se cuenta una historia de lucha, cultura, fuerza y resiliencia.
El primer punto
Entre los problemas estructurales que afrontan día a día esta comunidades una joven oriunda del Chocó, decidió dar inicio a un proyecto, chispa que encendió otra llama de esperanza para dar un poco más de luz a su historia.
Esta joven de sonrisa cálida y esperanzadora es Tulia Henry Rivas, quien en 2006, cuando aún estudiaba administración de empresas en la Universidad EAN, tuvo una idea que además de funcionar como su trabajo de grado se convertiría en un proyecto que llegaría a otras ciudades, así ella lo recuerda: “mi trabajo para graduarme como administradora de empresas fue un plan de negocios de artesanías y bolsos que yo misma diseñaba y trabajaban a mano mujeres de Quibdó en damagua y cabecinegro, con productos forestales no maderables del bosque”.
Gracias a esta experiencia, a la que llamó Fabrive, Tulia adquirió conocimiento y nuevas ideas sobre el emprendimiento de diseño y comercialización de bolsos en Bogotá, esto le permitió que años más tarde sus ideas se vieran plasmadas en el nacimiento de un nuevo proyecto.
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En abril de 2017, el chocoano Jadinson Ruiz Mosquera, esposo de Tulia y también socio, realizó un viaje a la comunidad Santa María de Pángala en el municipio del Litoral del San Juan para diseñar un plan de manejo forestal de la palma de Werregue debido a su trabajo como ingeniero agroforestal enfocado en el desarrollo sostenible.