Casi 30 libreros de la icónica Cartagena ofrecen el trueque de sus libros por alimento. Las ventas de libros usados han bajado a tal punto que no tienen cómo sostener a sus familias y piden solidaridad.
¿Qué tienen que ver los libros con el hambre? Seguramente poco… o posiblemente mucho, pero en Cartagena —la emblemática ciudad histórica en el Caribe colombiano, a más de 1.000 kilómetros de la capital Bogotá— tener los primeros se ha convertido para un grupo de libreros en casi la única chance de no morir y conseguir alimento para llevar a sus familias.
Esta semana, en la conocida Ciudad Heroica corrió rápidamente la noticia de que 29 libreros del emblemático Parque Centenario, a unos cuantos pasos del Centro Histórico, estaban entregando sus libros a cambio de algo de comida.
La solidaridad se impuso. A las pocas horas, decenas de ciudadanos acudieron al lugar con varios kilos de alimentos, algunos haciendo el trueque entre alimentos y letras; otros, simplemente dejando mercados como una muestra de afecto. La ayuda fue motivada por el llamado de ayuda, pero el sentimiento que conecta a los cartageneros con estos libreros tiene su historia.
En Cartagena contrastan el lujo del turismo, que muestra a la ciudad antigua dentro de una vitrina de centro comercial, con los profundos problemas sociales que vive el resto de habitantes desde hace décadas. Las cifras son contundentes cuando se indaga sobre la pobreza extrema, las dificultades para el acceso a servicios, el costo de la educación o la economía informal.
Por ejemplo, números del Plan de Emergencia Social de la ciudad señalan que a junio de 2021, el 60% de la población era pobre y la pandemia habría dejado al menos a 100.000 personas nuevas en la pobreza extrema.
Por otra parte, el informe más reciente de la encuesta Cartagena Cómo Vamos estimó que los efectos del covid-19 podrían hacer que la ciudad retroceda a niveles de pobreza y desigualdad de hace 20 años. Esos factores estructurales motivaron, durante años, que espacios como la plaza de los libreros, con productos baratos, se hicieran necesarios y concurridos.
Pero las visitas a los libreros, cabe aclarar, no eran solo para comprar a bajo costo o usados los libros para los niños que tenían que ir a los colegios, sino que se habían convertido también en la puerta de entrada del ciudadano de a pie a la literatura universal: desde Cien años de soledad, el libro más conocido de Gabriel García Márquez, hasta Noches Blancas, de Fiódor Dostoyevski, se podían —y se pueden— conseguir desde $10.000 colombianos, un poco más de dos dólares.
Según los cálculos de Faisudy Fontalvo, presidenta de la Asociación de Libreros del Parque Centenario, el negocio de los libros se ha caído en casi un 100% y en esa debacle confluyen dos factores muy potentes: por un lado, la pandemia del covid-19 que afectó al mundo entero en 2020; por el otro, y posiblemente una razón de mayor alcance, la hegemonía del formato PDF en el mundo digital.