En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), el escritor y antropólogo Esteban Cruz reveló en entrevista con Kienyke.com una dimensión poco explorada del narcotráfico: el vínculo entre el crimen organizado y lo sobrenatural.
Su libro “Pablo Escobar: Los patrones de la brujería” no es una apología al capo, sino una crónica profunda de cómo el miedo, la muerte y las creencias ocultas también jugaron un rol en la historia del narcotráfico colombiano.
“No es un libro de Pablo Escobar, ni es una apología a Pablo Escobar, es una exploración del mundo paranormal asociado a estas figuras del mundo sobrenatural y del misterio”, aclaró Cruz desde el inicio.
Escobar y el más allá: un patrón repetido
Todo comenzó cuando el autor visitaba un cementerio de Envigado y se topó con la tumba del capo, rodeada de extranjeros, ofrendas, aguardiente, y un ritual aún más desconcertante:
“Cogieron y empezaron a esnifar una línea de perico al frente”, relató. Más allá del morbo, Cruz entendió que estaba frente a un fenómeno de culto oscuro. “Con esas piedras blancas de la tumba hacen amuletos. Dicen que si se calientan es porque hay algo negativo: un engendro maligno, un pequeño demonio”.
A partir de ahí, inició una investigación de tres años sobre cómo Escobar y otros narcotraficantes se relacionaban con lo esotérico. Lo que encontró fue tan perturbador como fascinante: “Esta gente tenía una creencia. Y esas creencias estuvieron en secreto”.
El color azul y la protección mágica
Uno de los detalles más inquietantes que reveló Cruz es el uso del color azul como protección espiritual. Según relató, cuando Escobar fue abatido, vestía una camiseta polo azul y un jean corto, ambos de ese color. “Yo le pregunté a la familia de él, a Laura Escobar, por qué el color azul. Y me decía: es que el color azul es parte de una creencia que él tenía, de que ese color lo favorecía, lo envolvía y lo protegía”.
No era coincidencia. Los carros de la hacienda Nápoles eran azules, su avioneta tenía franjas azules y también la casa frente al embalse en Guatapé. “Era un patrón”, dice Cruz. De ahí el doble sentido del título de su libro: Los patrones de la brujería, aludiendo tanto a los jefes (patrones) del narco como a los patrones místicos repetitivos.