Después de tres largos años de espera, tras la llegada de una pandemia que nos cambió los planes a todos, había llegado la fecha más anhelada de mi calendario: vería a Harry Styles, mi cantante favorito y a quien admiro mucho, en vivo. Tenía tantos sentimientos encontrados que no hallé la forma de expresarlos y, pese a que, hubo muchas cosas que disgustaron, nada ni nadie pudo quitarme la alegría que sentí.
Parece extraño que tres años esperando a que llegara este día y más de 14 horas haciendo fila bajo el sol sentada en un piso helado fuesen un sacrificio para pasar solo dos horas de alegría. La pregunta es: ¿Valió la pena? Cada segundo valió significativamente la pena.
Aquel domingo 27 de noviembre de 2022 comenzó desde muy temprano. Aunque me cuesta demasiado levantarme en la madrugada habitualmente, salté de la cama a las 4: 30 de la mañana. Harry iba a salir al escenario a las 9 de la noche, pero sabía que habían personas esperando a hacer fila desde el día anterior.
Cabe aclarar que no estoy de acuerdo con que las fanáticas acamparan a las afueras del Coliseo, pero también soy consciente de que es muy difícil controlar a una multitud tan grande. Gracias a estas acciones, si quería obtener un buen puesto debía estar allí lo más temprano posible y eso fue lo que hice.
Después de haber madrugado tanto, también con miedo de que las vías estuviesen muy congestionadas, logré llegar al lugar a las 6:30 de la mañana. ¿Desde las 6:30 haciendo fila hasta las 9 de la noche? Suena bastante agotador, aunque incluso a esa hora ya habían 544 personas delante de mí, es decir que faltaba un poco más de la mitad del aforo de la localidad donde yo estaba ubicada.
Abajo en la arena, donde estaba el escenario, se dividieron las boletas en tres diferentes ubicaciones y precios: Platino con Early Entrance -la cual fue la que yo adquirí y la que estaba como Platino cuando el concierto estaba planeado para realizarse en el Movistar Arena-, Platino Normal y Platino General.
Nos ubicaron en filas separadas, ya que tendríamos que pasar al estadio en horarios diferentes. Desafortunadamente, no tuve a nadie quien me quisiera acompañar: todas mis amigas que asistieron habían comprado boletas distintas y no podríamos estar juntas. Sin embargo, la emoción era tan grande que esto no me detuvo y me arriesgué a conocer personas nuevas.
Al llegar al coliseo, encontré otras dos fanáticas que habían llegado solas, por lo que fue fácil entablar una amistad y contar con compañía durante todo el día. Nos realizaron varios filtros y, para mi fortuna, había llevado comida, puesto que los precios en el lugar eran bastante elevados.
Las piernas me dolían, me sentí aburrida, tenía hambre, hacía mucho frío y, aunque intenté dormir un rato, el suelo estaba demasiado incómodo y me tuve que levantar varias veces. La espera fue eterna y agotadora. Sin embargo, en un momento escuchamos cómo estaban ensayando los equipos de sonido y pensamos que Harry ya estaba practicando.
Varias de nosotras nos acercamos a las puertas para intentar escuchar su voz, pero fue una tarea muy difícil debido que las barreras que separaban el escenario de las filas eran bastante gruesas. Bailamos, gritamos y cantamos de la alegría que sentimos. En ese momento pensé: "Va a valer mucho la pena".
Llegó la hora más esperada por todas nosotras: nos abrieron las puertas del Coliseo. Eran las 3 de la tarde y todas corrieron para no perder su puesto en la fila. Nuestros rostros lo decían todo: no podíamos creer que estábamos tan cerca de ver a nuestro ídolo en el escenario.
La logística parecía ser muy ordenada y estaba demasiado contenta. Sin embargo, nunca me imaginé que iba a pasar un rato tan desagradable allí adentro ni que mi alegría se desvanecería tan rápido.
Cuando entramos a la arena, nos ubicamos lo más pronto posible para estar cerca al escenario. Habíamos logrado hacernos en un buen lugar y podríamos ver el show perfectamente. En ese momento estuve tan cómoda que tuve la oportunidad de sentarme para descansar un poco.
No obstante, no pasó mucho tiempo cuando se generó el caos: le dieron entrada a las demás localidades de Platino y sentimos como una gran avalancha nos empujó hacia adelante. Fue con tanta fuerza que tuvimos que ponernos de pie y no pudimos volvernos a sentar en el resto de la noche porque no había ni un centímetro de espacio entre nosotros.
Poco a poco, fui sintiendo como la gran multitud me rodeaba y me era cada vez más difícil respirar. Afortunadamente, debido a mi baja estatura, las demás fanáticas me cedieron su puesto y me permitieron hacerme más cerca al escenario, en un punto donde podría llegarme un poco más de oxígeno, aunque me seguía sintiendo muy ahogada.
Durante todo ese lapso, pude ver como salían muchachas completamente desmayadas y las que lograban salir conscientes estaban llorando de la desesperación por lo sofocadas que se sentían. Perdí la cuenta después de la décima mujer que salió. Después en las noticias vi que fueron atendidas casi 280 asistentes, una cifra que se me hace coherente con lo que viví.