Hoy, 18 años después, Figo Montaño brilla con luz propia con la selección Sub-20 de Guatemala que se clasificó al próximo Mundial de la categoría, un logro dedicado a su fallecido padre.
Alex Montaño llegó a Guatemala en 2002, procedente de su natal Buenaventura, una ciudad porteña del Pacífico colombiano, para jugar con el Juventud Retalteca, un pequeño equipo de segunda división ya extinto, pero con el que Montaño logró ascender a Liga Mayor.
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Sus goles y velocidad, pese a su pequeña estatura, lo llevaron a uno de los dos equipos más populares de Guatemala, Municipal, dirigido en ese entonces por el exportero paraguayo Éver Hugo Almeida.
La vida en Guatemala atrapó al centrocampista, quizás por el calor parecido de Retalhuleu a su natal Buenaventura, y el 7 de abril de 2004 nació su hijo, a quien bautizó como Figo Montaño, en homenaje al extremo derecho portugués Luís Filipe Madeira Caeiro, conocido como Figo.
La nueva generación
Figo Montaño dijo a Efe que lleva el fútbol en la sangre, y no solo en su nombre. A los cuatro años ya jugaba en ligas escolares y conserva todavía las medallas que lo acreditan como goleador.
En su memoria también hay destellos de cuando su padre lo cargaba en brazos al salir en los estadios de la Liga Mayor de Guatemala.
Pero lo de Figo va más allá de los recuerdos, pues en julio pasado logró, junto a la selección Sub-20 de Guatemala, una histórica clasificación al Mundial de la categoría que se jugará en 2023 en Indonesia.
Para Guatemala, que nunca se ha clasificado a una Copa del Mundo en categoría absoluta, asegurar el cupo en Indonesia supo a gloria.
“Este logro se lo dedico a mi padre que está en el cielo”, dijo el delantero a Efe, que luce ahora un tatuaje en el brazo izquierdo con la inscripción: "Soy mundialista".