A 9.365 kilómetros de distancia, cuando la pandemia encerró al mundo, dos chocoanas se unieron por una iniciativa social que no deja de crecer. Una alianza para que las familias de su departamento con pacientes autistas encuentren fórmulas de comunicación activa y puedan compartir conocimiento en un mismo espacio de atención especializada. Haidy Sánchez Mattsson es psicóloga y vive en Umea, llamada ciudad de los abedules, a doce horas en autobús de Estocolmo (Suecia). Amparo Palacios Mosquera es trabajadora social y habita en el barrio El Jardín de Quibdó.
Haidy Sánchez labora en el centro especializado Habiliteringscentrum en temas de autismo, trastorno cognitivo o rehabilitación en discapacidades múltiples. Estuvo once años más en el Instituto Elevhansan, en contacto con los desafíos diarios de la atención a pacientes. Lleva dos décadas en Suecia donde formó familia con un médico natal, pero sus padres, hermanos y parte de su corazón siguen en Quibdó, donde nació y creció. En un viaje de regreso a la familia con plan de estudio a bordo, conoció a Amparo Palacios y surgió un acuerdo de voluntades por una razón superior.
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En 2015, Amparo Palacios, después de un largo ir y venir entre la capital chocoana y Medellín en busca de respuestas, Yeison, su segundo hijo, fue finalmente diagnosticado con autismo. Sin seguridad sanitaria ni protección social para enfrentar su dilema en la ciudad o en el departamento, la guía llegó de Haidy Sánchez. La psicóloga buscaba agregar un capítulo del Chocó a una evaluación binacional Suecia-Colombia sobre el estrés que genera el autismo entre las familias. Así que se conocieron, intercambiaron contactos, comenzaron a saludarse en WhatsApp. Y así, de chat en chat se dio la unión.
En la actualidad, Amparo Palacios oficia como representante legal de la fundación sin ánimo de lucro Fundautismo Chocó, constituida en medio de la pandemia para enfrentar al espectro del autismo. Y desde el otro lado del mundo, más cerca del Polo Norte, Haidy Sánchez ejerce como relacionista y coordinadora de actividades en Colombia. El 19 de diciembre de 2021 fue la última jornada. Llevan cinco virtuales y dos presenciales en catorce meses. Ya son treinta familias de Quibdó e Istmina unidas por una red interesada en orientación para que sepan qué hacer. Amparo Palacios sabe lo que eso significó para Yeison.
Mientras Haidy Sánchez cuenta la historia a los periodistas, gestiona charlas con expertos y aporta recursos para los talleres, Amparo Palacios se mueve con su círculo de apoyo en Quibdó. Ambas quisieran llegar hasta los confines del San Juan y el Atrato porque saben que en cualquiera de los pueblos perdidos del Chocó hay menores autistas que requieren estimulación y cuidadores que necesitan entrenamiento. Atención especializada de neuropediatría. Pero son familias de escasos recursos y viven en una región donde las EPS sobreviven. Las terapias ocupacionales o de lenguaje se leen en los libros.
Un desierto asistencial que llevó a Haidy Sánchez y Amparo Palacios a convencerse de que, sin ayuda a la vista, había que buscarla. Y en cada caso, primero vibra el fuego de los lazos de sangre. Para Haidy Sánchez su hermano Alexander, economista, gerente en salud, y su Fundación Santa Sofía de Asís, que cubre más que faltantes. Amparo Palacios también menciona a su hermano Carlos Palacios, instructor deportivo, quien se la juega para que los asistentes a los talleres vuelvan. La terapeuta Tatiana Carrillo aporta una valoración desde Cartagena. La fonoaudióloga de Barranquilla, Nitza Guzmán agrega una charla.