En común tienen muchas cosas: son médicos, están en Cartagena… y dieron positivo para covid-19. La diferencia radica en que uno estuvo hospitalizado y aún se encuentra en aislamiento, mientras que otra fue una paciente asintomática (únicamente dos días de fiebre). Las caras de un virus que es pandemia en el mundo, de un talento humano en salud presto a atender al país y de la vulnerabilidad del ser humano.
Hablamos de Daniela Marrugo, médica de 30 años y especialista en gerencia en la calidad y auditoría en salud, y de Lacides Caparroso, médico de 29 años.
Ambos son parte de la primera línea, son quienes, en palabras de Caparroso, le ponen la cara a un paciente, a una familia esperando noticias y a un virus hasta ahora desconocido en muchos aspectos. “Somos humanos y tenemos miedo, ansiedad y preocupaciones”, dice.
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Coinciden en decir que el personal médico toma medidas de prevención para evitar contagio a la comunidad, medidas de cuidado personal y protocolos tanto en los centros de salud como en sus hogares y que, precisamente por eso y por su vocación de servicio, se convierte en inaceptable la discriminación y el rechazo quienes trabajan en el sector salud. “Nosotros sabemos cómo cuidarnos, cómo retirarnos los guantes, el tapabocas y lavarnos las manos. Estamos para ayudar a la población”.
Pero así como hay historias tristes, denuncias de rechazo y discriminación a trabajadores de la salud, hay una luz de esperanza de que como sociedad podemos salir adelante en medio de la crisis. “Si hay personas con las que yo estoy agradecido es con mis vecinos”: así cuenta el doctor Caparroso la historia de quienes conocieron a su familia apenas en febrero y ya en marzo fueron los encargados de darle fortaleza a su hogar.
Recuerda que cuando ingresó hospitalizado mandaron a aislar a su hija, su esposa, y la señora que los apoya en el hogar. “Desde ese día no hemos recibido más que ayudas, cariño y tolerancia de parte de ellos. Llaman a mi esposa y al abrir la puerta encuentra un mercado, me enviaban cosas a la clínica, cartas de apoyo. Ellos me daban la serenidad cuando más desesperado estaba porque sabía que estaban apoyando y respaldando a mi familia”, dice.
Así, mientras algunos dejan mensajes intimidantes a médicos o enfermeros por considerarlos “foco de contagio”, otros brindan el apoyo necesario para superar entre todos momentos que, ahora y aquí, ya son una nueva historia y una experiencia vivida para contar.
Cumpleaños
“Tenía 28 años cuando me infecté del virus. Ahora tengo 29”. Así empieza a narrar su historia el doctor Caparroso. La edad no es un tema poco relevante para él porque, dice luego, había planes con su familia conformada por su esposa y su hija, actividades para después del turno, un pastel de cumpleaños y, por qué no, un abrazo fugado en medio de las precauciones de aislamiento físico que por estas semanas tenemos en el país.
Recuerda muy bien que en el turno de la noche del 12 de marzo -seis días después del primer caso confirmado en el país- en urgencias de baja complejidad atendió a un paciente cuyas pruebas salieron negativas, pero que, por nexo epidemiológico y contactos estrechos, se determinó como caso en el registro del Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud y Protección Social.
Cuenta que el paciente estaba estable y no tenía nada que sintomatológicamente hiciera pensar que estaba asociado a infección por coronavirus. “Durante el examen físico que le realicé ambos estábamos con tapabocas, sin embargo le pedí que se quitara la camisa para revisarlo y al hacerlo se retiró el tapabocas. Mientras lo examinaba tosió”, relata.
El domingo presentó un malestar general, el cual consideró normal. De la clínica que recibió al paciente le confirmaron que este había agravado y tenían sospecha de covid-19. “Decidí autoaislarme inmediatamente”, afirma. Al día siguiente hubo tos persistente y, además, se enteró que el paciente falleció.
El martes presentó fiebre y tuvo dificultad respiratoria, por lo cual se decidió su hospitalización y, tras la sospecha por el cuadro que presentaba, le realizan una serie de exámenes y la toma de la muestra. El resultado era positivo, tal como se esperaba.
“Fueron días de ansiedad. Hoy en día nadie está preparado para un encierro sin nada, saber que es una enfermedad nueva y que, además, la estás viendo como médico y tienes la capacidad de leer artículos científicos”, reflexiona.