Con sus seis hijos hambrientos en el coche, Summer Mossbarger era una de las primeras en la fila de autos para recibir su almuerzo. Pero no estaba en un restaurante de comida rápida, sino afuera de la escuela primaria Alton.
Alton estaba cerrada —todas las escuelas públicas de Brenham, un pueblo rural de Texas con 17.000 habitantes unos 150 kilómetros al este de Austin, han cerrado debido al coronavirus—, pero una parte vital de la escuela seguía en marcha: la comida gratuita. Mossbarger bajó la ventanilla de su camioneta de 15 años de antigüedad para que los empleados de la escuela le entregaran seis recipientes de unicel.
Pese a que el vehículo se llenó con el olor a feria de las minibanderillas durante el camino de regreso a casa, y aunque los niños se sentaron en la entrada a comérselas en los mismos recipientes, con los perros de la familia corriendo a su alrededor, Mossbarger no comió nada.
No desayunó ni almorzó, sino que tomó su primer alimento —pollo frito de la despensa — a las 5:30 de la tarde. Todo lo que ingirió desde que se despertó esa mañana hasta que merendó fueron sorbos de un Dr. Pepper de cereza.
No había mucho dinero. Mossbarger, una mujer discapacitada de 33 años, veterana del Ejército, no labora. El trabajo de carpintero de su marido ha disminuido y se ha vuelto más impredecible en los últimos días, puesto que la gente cancela o posterga los trabajos de construcción en su casa. Tenía muchas preocupaciones —pagar la renta de mil dólares era la primera de la lista—, pero la comida de sus hijos no era una de ellas.
“Si no tuviéramos esto, tal vez me daría un ataque de nervios por la tensión”, comentó acerca de las comidas gratuitas de Alton. “No voy a permitir que mis hijos pasen hambre. Si tengo que comer solo una vez al día, es lo que voy a hacer”.
El potencial del coronavirus para trastornar la vida de la gente depende en parte de sus ingresos. Los estadounidenses que tienen menos recursos económicos cuentan con menos opciones para transitar por esta nueva normalidad de escuelas cerradas, negocios cerrados y la orden de permanecer en casa.
Los expertos en pobreza han dicho que, en épocas de desastres naturales y emergencias de gran escala, las familias de bajos ingresos a las que ya de por sí no les alcanza para pagar las cuentas con su poco presupuesto y que tienen condiciones de vivienda inestables, mala atención médica y empleos inciertos a menudo son las más perjudicadas.
“Hay una tendencia a que esas personas sean las primeras afectadas cuando las cosas salen mal y que también tarden mayor tiempo en recuperarse”, señaló H. Luke Shaefer, profesor de Trabajo Social y Políticas Públicas en la Universidad de Míchigan y director del equipo docente de su proyecto Soluciones a la Pobreza.
El ayuno autoimpuesto de Mossbarger fue una acción silenciosa y anónima en medio de una crisis nacional, y también una muestra de la magnitud del impacto del virus para los trabajadores pobres.
El servicio de entrega de alimentos gratuitos para recoger en automóvil del distrito de escuelas independientes de Brenham fue uno de los muchos que estuvieron en marcha esta semana en Texas, Florida, Pensilvania, Oregon y otros estados que intentan asegurar que los escolares sigan recibiendo comidas gratuitas de lunes a viernes durante las semanas que estén cerradas las escuelas como consecuencia del virus. Los pedagogos y nutriólogos de las escuelas dijeron que, para algunos niños en situación de pobreza, el desayuno y el almuerzo gratuitos en la escuela son los únicos alimentos nutritivos que comen en el día.