La primera mujer y decimosegunda humana que pisará la superficie lunar en la misión Artemis de la Nasa en 2024 se espera recorra parte del único astro de la tierra en un vehículo de manufactura colombiana. Un total de 25 estudiantes de la Universidad Ecci, tras dos años de arduo trabajo e ingenio, ganaron el desafío mundial de diseñar y construir un astromóvil que permita a la humanidad desplazarse sobre ruedas en la Luna.
El profesor Tito Nuncira, de una curiosidad inagotable y una confianza sin resquicios de duda en sus estudiantes, fue quien asumió el reto de construir un rover que permitiera a dos astronautas desplazarse por la superficie lunar. Con la esperanza de romper las barreras del conocimiento de los ingenieros a quienes por años les ha dictado clase en la Universidad Ecci, se puso a la tarea de buscar un desafío de talla mundial. Encontró la única convocatoria mundial de la Nasa, que incluía a instituciones fuera de Estados Unidos, y decidió emprenderla.
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Convocó a sus estudiantes, con una charla, un café, una propuesta amigable, a acompañarlo en la histórica misión de diseñar el astromóvil que conduciría la primera mujer en la Luna. Conformó un grupo de 25 estudiantes, tres de ellos con discapacidad auditiva, quienes durante dos años trabajaron el proyecto que finalmente superó a las más de 100 universidades de talla mundial que compitieron, con un reconocimiento especial de la Nasa por el trabajo realizado.
El proceso de construcción
“La idea fue mía porque siempre he creído en nuestros estudiantes, en la educación de Colombia en la comunidad sorda. En la Ecci tenemos cerca de 100 estudiantes con discapacidad auditiva, muchos de ellos están sistemas y mecatrónica, los vinculé al proyecto y les dije: ustedes también son capaces de construir este astromovil que va a llegar a la Luna”, así empezó el ambicioso proyecto, según contó a KienyKe.com el profesor Tito Nuncira, director del Rover.
El maestro tomó a los estudiantes de su semillero, con quienes ya había ganado y participado en concursos de robótica, y convenció a otras personas de la Universidad a unirse porque la construcción del astromóvil no era una tarea sencilla y, como asegura, “la clave del éxito es planificar muy bien el tiempo y rodearse de muy buenas personas que te ayuden a terminar el proceso, porque una sola persona no puede hacerlo todo”.
Una de esas estudiantes que convenció de participar, fue María Eugenia Lambertines Rivera, estudiante de séptimo semestre de ingeniería biomédica, a quien no le costó mucho reclutarla en el grupo. Un tinto en la cafetería de la Universidad bastó para que ella y otras compañeras de la carrera se unieran en la labor. María no se explica de dónde sacó tiempo para el proyecto, cuando aparte de las clases, trabaja y asiste a otros semilleros de investigación.
Al principio el mismo profesor Nuncira tenía dudas de que la tecnología a la que tenían acceso les permitiera construir el vehículo lunar. Empezaron con el diseño y la simulación virtual para conocer qué elementos necesitarían para realizar finalmente, en físico, el aparato. Las especificaciones técnicas eran precisas y necesitaban cumplirlas.
La Nasa requería un rover de tracción mecánica, casi como una bicicleta, sin motor eléctrico para evitar que los astronautas quedaran varados en medio de la Luna. Diseñaron el sistema y para evitar contratiempos dejaron todo el tren de transmisión interno en el vehículo, uno de los aspectos que reconoció el jurado.
“Por lo general las bicicletas tienen cadenas, lo que hicimos fue un cambio en todo el tren de transmisión, utilizamos elementos como cromo vanadium para poder tener elementos livianos, duraluminio en toda la estructura del rover y eso les encantó a Tommy Hancock y Louie Ramírez que son los directores de la parte de diseño de la Nasa y por eso hoy nos dan el primer lugar”, señaló el profesor Nuncira.
Rover Ian - Universidad Ecci
Este es el diseño virtual del astromóvil, bautizado Ian, que construyeron el profesor Tito Nuncira y sus estudiantes.
Rover Ian - Universidad Ecci
Este es el diseño virtual del astromóvil, bautizado Ian, que construyeron el profesor Tito Nuncira y sus estudiantes.
Rover Ian - Universidad Ecci
Este es el diseño virtual del astromóvil, bautizado Ian, que construyeron el profesor Tito Nuncira y sus estudiantes.
Precisamente fueron esos materiales uno de los primeros retos que significó para el equipo la construcción del rover. A parte del costo del duraluminio, que es escaso, su soldadura requiere de un tratamiento especial que no tenían en la Universidad y en pocas empresas en el país. Allí apareció Lincoln Electric, una de las empresas líderes en soldadura, que les ofreció asesoría y sus talleres para adelantar el proceso y conseguir la soldadura TIC, necesaria para unir las partes en ese material.
Esas asesorias en soldadura las “cogieron de sol a sol los compañeros, se iban a las siete de la mañana y eran las siete de la noche y no habían vuelto a la Universidad”, contó a este medio la estudiante e investigadora del equipo María Lambertinez. Pero a pesar de los esfuerzos, lograr fundir el material aún no era posible. Contrario a los pronósticos, según la estudiante, fue un ingeniero biomédico, el único compañero hombre en ese programa que conoce María, quien descubrió el talento para soldar y terminó dando con el chiste de la soldadura del duraluminio.
“Mi compañero Cesar Rojas fue el único hombre capaz de soldar algo tan delicado como el rover porque no permite todo tipo de soldadura y la temperatura tiene que ser muy cuidada. Ni los compañeros mecánicos pudieron, él descubrió que tenía esa capacidad. No sabía que tenía ese talento”, contó Lambertinez.
Una característica particular del rover es que cuenta con un sistema de telemetría, el cual permite conocer las condiciones de los tripulantes, un hombre y una mujer como se establece en la misión Artemisa. Como el aparato requiere del ejercicio físico de los astronautas, el astromóvil cuenta con sensores que permiten monitorear a distancia la frecuencia cardiaca, temperatura y saturación de los viajeros.
“Como está haciendo ejercicio físico puede descompensarse, entonces mandamos información vital del astronauta a una central de monitoreo para que se activen una serie de alarmas. También tiene sensores de las llantas, bajas de presión, ubicación del vehículo y varias cosas en la parte electrónica”, explicó el director del proyecto.
Otro reto, igual de interesante y enriquecedor, fue lograr que todos pudieran comunicarse con los estudiantes con discapacidad auditiva que hacen parte del equipo. Así iniciaron capacitaciones en el hospital Militar para aprender lenguaje de señas y terminar, como lo hicieron, siendo todos los investigadores una sola familia.