Se han deleitado con las pequeñas cosas, como consumir té de burbujas y fideos para llevar. Han redescubierto lugares como el parque infantil del vecindario. Han buscado palabras nuevas para describir sus pérdidas.
Durante más de dos meses, la gente de Wuhan, China, vivió en confinamiento cuando su ciudad se postraba bajo el peso del coronavirus que apareció ahí. Luego, poco a poco, los casos disminuyeron. El 8 de abril se levantó la cuarentena.
Ahora, los residentes de Wuhan avanzan con cautela hacia un futuro incierto, y son algunos de los primeros del mundo en hacerlo. Están presentes el trauma y el dolor, el enojo y el miedo. Pero también hay esperanza, gratitud y una paciencia recién descubierta.
Estas son cuatro de sus historias.
JÚBILO Y ALIVIO: disfrutar del tráfico
Sus amigos lo habían publicado en todas las redes sociales: ¡habían vuelto a abrir los establecimientos de té con leche! ¡Wuhan estaba de regreso!
Pero cuando Rosanna Yu, de 28 años, tomó su primer sorbo en dos meses, no fue nada del otro mundo. “¿Ya se les olvidó cómo hacer el té con leche?”, publicó en tono de broma en WeChat a finales de marzo. “¿Cómo puede estar tan malo?”
No obstante, un té con leche que no cumple nuestras expectativas es mejor que ninguno. Y aunque la normalidad y el buen té de burbujas sigan sin estar al alcance, tan solo la posibilidad de tenerlos hace que Yu se sienta optimista.
A principios de abril, luego de que se relajó el confinamiento, Yu y sus padres visitaron un parque para admirar las famosas flores de cerezo de Wuhan. Los funcionarios habían exhortado a los residentes a que, si era posible, permanecieran en sus hogares, pero “ya no podíamos quedarnos en casa más tiempo”, comentó.
Hace poco, tomó un video de una larga fila en el restaurante local de “fideos secos calientes para llevar”, el platillo emblemático de Wuhan.
Ahora, tiene que detenerse para que pasen los coches antes de cruzar la calle, una molestia que nunca antes se había agradecido.
“En realidad me hace muy feliz ver muchos autos”, señaló.
ENOJO Y DISTANCIAMIENTO: alejarse de Wuhan
Liang Yi no ha regresado a su casa de Wuhan desde hace cuatro meses que salió de la ciudad, antes de que se impusiera la cuarentena.
Si puede evitarlo, no regresará nunca.
“Ahora tenemos un hijo”, comentó Liang, mercadólogo de 31 años, refiriéndose a él y a su esposa. “Si podemos crear mejores condiciones para él, no volveremos a vivir en una ciudad como Wuhan”.
En todo el mundo, muchas personas están deseosas de regresar a la vida que tenían antes del coronavirus. Pero para algunas, ese regreso se ha vuelto imposible, incluso indeseable.
Cuando el brote devastó Wuhan, Liang —quien se había refugiado con su esposa y su hijo de dos años en la casa de sus padres a unos 120 kilómetros de Wuhan— le dio miedo la negación inicial del gobierno sobre la gravedad del brote.
Se indignó porque al principio no permitían que los hospitales hicieran pruebas a muchos casos sospechosos, incluyendo el de su amigo, a quien mandaron a su casa para aislarse.
En efecto, a fin de cuentas, las autoridades de Wuhan controlaron el brote. Pero no podía perdonarlas por permitir que estallara desde el principio.
“En realidad, esta epidemia se relaciona con la capacidad de gobernar del gobierno de Wuhan”, señaló. “Me da la sensación de que no es seguro vivir en este tipo de ciudad”.
DOLOR Y ARREPENTIMIENTO: encontrar nuevas formas de comunicarse
En los meses siguientes a la muerte de su madre por el coronavirus, Veranda Chen buscaba a diario nuevas distracciones. Leía a Freud y experimentaba en la cocina.