Corría el año de 1970 en el mundo, y la sociedad se preparaba para afrontar una nueva época, donde la vestimenta comenzó a cambiar, la forma de expresarse era diferente, y se conocería el nuevo campeón mundial de fútbol, después de que en 1966, Bobby Moore y la Selección de Inglaterra fueran los ganadores de la única edición que se ha realizado en territorio inglés.
Aquella selección que estuvo plagada de estrellas como el portero Gordon Banks, Geoff Hurst y Sir Bobby Charlton, quería continuar su supremacía en el fútbol moderno con la obtención de la segunda Copa del Mundo de su historia. Por eso, comenzó a prepararse para llegar a México 70 en la mejor condición futbolística posible.
- Le puede interesar: Reina Isabel II: El oscuro rumor que siempre la persiguió.
- Lea además: ¿Cómo está distribuida la monarquía inglesa?
Después de analizar todo lo que significaría jugar en México, el primer Mundial en territorio centroamericano, la Selección de Inglaterra decidió darse un paso por Sudamérica en dos países que tienen un altura parecida a la que tiene el territorio mexicano, por lo que decidieron venir viajar a Colombia y a Ecuador, para enfrentarse a estas dos selecciones, que no asistirían a la Copa del Mundo de 1970.
El 20 de mayo de 1970, Inglaterra y Colombia se enfrentaron en un partido amistoso, disputado en Bogotá, donde la ‘tricolor’ terminó perdiendo por 4-0 ante el campeón del mundo de esa época, en el que la gran figura fue el Sir Bobby Charlton. En ese encuentro, el capitán del equipo inglés era Bobby Moore, una de las figuras en defensa del equipo, dirigido por Alf Ramsey.
Todo pintaba bien para la gira de Inglaterra por territorio sudamericano, luego de su victoria en Ecuador por 2-0. Los dirigidos por Ramsey ya planeaban su regreso a Europa para enfrentar un amistoso frente Rumania, cuando sucedió algo inesperado.
Mientras los ingleses se alojaban en el Hotel Tequendama de Bogotá, en uno de sus momentos de esparcimiento, antes de volver a Europa, decidieron visitar las tiendas que tenía por ese entonces uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Entre los que se encontraban ‘vitrineando’, estaba Bobby Moore, quien se decía era fanático de las esmeraldas y que una vez en Sudáfrica compró un collar de gran valor.