Isaac, un guatemalteco de 17 años, cruzó la frontera estadounidense hace unos seis meses y fue detenido como menor de edad por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, mucho antes de que el coronavirus existiera.
El mes pasado, mientras se aproximaba la fecha en que cumpliría 18 años, parecía que iba a ser liberado para vivir en un refugio de Texas donde el director prometió que se le “brindaría terapia y tendría acceso a servicios médicos para obtener la asistencia que necesitara” en relación con hipertensión, ansiedad severa y, de ser necesario, la COVID-19, en caso de que el virus llegara al refugio.
En cambio, el día que llegó a la mayoría de edad ante los ojos del gobierno estadounidense, los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) aparecieron y se lo llevaron al Centro de Procesamiento del Condado de Otero en El Paso, Texas, donde dice que duerme a medio metro de distancia de decenas de otros migrantes.
“No tengo médico. Tengo medicinas, pero son las que me dieron en el refugio anterior, cuando era menor de edad”, comentó Isaac, quien pidió que solo se le identificara por su segundo nombre por temor a represalias.
Alrededor de 32.000 migrantes siguen en custodia por delitos civiles mientras ICE enfrenta una presión cada vez mayor para atender las preocupaciones de salud que supone la propagación del coronavirus, que incluye a muchos como Isaac que inicialmente fueron detenidos como menores, luego fueron retenidos el tiempo suficiente para cumplir la mayoría de edad y los trasladaron a un centro de detención para adultos.
Hasta el miércoles por la noche, ICE había confirmado 287 casos del virus entre los detenidos y 35 casos entre los miembros del personal.
A principios de este año, los abogados que representaban a dos migrantes argumentaron en una demanda colectiva que el Departamento de Seguridad Interior y el ICE habían violado un estatuto que ordena la protección de los niños migrantes basándose en una tecnología dudosa y en la discreción de las oficinas locales individuales.
Como resultado, en vez de que los menores sean enviados a un hogar comunitario, terminan en las cárceles del ICE.
El sistema implementado por el gobierno para decidir dónde ubica a quienes cumplen la mayoría de edad y que se encuentran en los refugios para menores ejemplifica el alcance de las duras políticas migratorias del presidente Donald Trump.
Esas medidas incluyen una orden ejecutiva firmada el miércoles que restringe la inmigración legal a Estados Unidos y oscuras maniobras de procedimiento como las detenciones por edad que no solo limitan las oportunidades de solicitar refugio en el país, sino que también podrían exponer a una población vulnerable a la pandemia.
Esta semana, el Departamento de Educación incluso prohibió a las instituciones de educación superior que ofrecieran ayuda de emergencia a los estudiantes no autorizados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños y que actualmente están protegidos contra la deportación.
El coronavirus ha reavivado los esfuerzos antimigratorios del presidente, a pesar de que incluye un nuevo escrutinio. Esta semana, un juez federal de California ordenó a ICE que revisara los casos de los detenidos que estuvieran en alto riesgo de contraer el virus, incluidos los mayores de 55 años.
El coronavirus también ha aumentado la preocupación por la polémica, y posiblemente ilegal, práctica de trasladar a jóvenes migrantes como Isaac cuando cumplen 18 años de refugios relativamente benignos administrados por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos a los centros de detención del ICE del Departamento de Seguridad Nacional.
Aunque la opción más segura para los adolescentes sería que los dejaran en libertad con un patrocinador, los abogados migratorios dicen que los refugios y los hogares comunitarios proporcionarían más espacio y atención que los centros de detención, donde los jóvenes migrantes se mezclarían con otra población contingente y estarían expuestos al virus, así como a daños psicológicos.
“Nuestros clientes están aterrados ante la posibilidad de ser transferidos a un centro de detención vigilado con un gran número de personas en entornos cerrados y confinados, lo que contraviene directamente los consejos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) sobre cómo estar a salvo de esta pandemia”, comentó Anthony Enriquez, director del programa de menores no acompañados de Catholic Charities, quien representa a otro adolescente de Nueva York que en las últimas semanas fue esposado por agentes del ICE el día que cumplió 18 años y fue trasladado a un centro de detención.