Es extraño acudir a una cita en un edificio insignia de las artes escénicas con la idea de que saldremos de allí sin ver una puesta en escena o un grupo de estudiantes repasando sus libretos. Casa E tenía las puertas entreabiertas para que su directora, la actriz Alejandra Borrero, pudiera responder con líquido y burbujeante entusiasmo a las preguntas que los periodistas hacían sobre ‘Gaia y el árbol de los favores’, la obra de teatro digital que la compañía estrenará esta noche de velitas a las siete de la noche.
La imagen de los equipos de sonido y video montándose y desmontándose a toda velocidad, los periodistas repitiendo accidentalmente las mismas preguntas y la actitud infatigable de Alejandra para coquetear con la cámara al responderlas era, en sí misma, una escena. Kienyke.com también extendió una duda común en estos tiempos: ¿cuál es el futuro del arte y el teatro tras esta pandemia? Su respuesta a esta y otras preguntas están en esta entrevista.
Hacer teatro lejos de las tablas
En un mundo ordinario, los últimos días antes del estreno de una obra son un bello caos. Las promesas de la actuación que otrora habitaban los corredores de Casa E estarían corriendo de aquí para allá y ultimando detalles para el gran día. “Generalmente, en este momento estaríamos todos aquí, comiendo juntos, con los músicos, con los artistas invitados que generalmente traemos. Eso genera una cosa muy bella, de mucha expectativa, de nervios, de todo eso”, recuerda Alejandra.
Como es sabido por todos quienes hayan logrado la hazaña de sobrevivir hasta diciembre de 2020, la pandemia de la covid-19 empujó a la virtualidad toda iniciativa educativa que reuniera a más de diez personas en el mismo lugar. A su vez, algunos estudiantes que no eran de Bogotá regresaron a sus sitios de origen. Alejandra describe la experiencia de hacer teatro a la distancia como rarísima.
El primer factor que hace de esta una obra compleja es el logístico: “tengo gente en Putumayo, en Cali, en muchos lugares del país, y desde su casa hemos tenido que montar esta pieza. Ya quisiera preguntarles a ellos cómo lo han sentido, porque, por ejemplo, si estamos mirando algo y decimos ‘hm, faltaría como que hicieran un plano, no sé, abriendo los ojos’, entonces los llamamos: ‘chicos, tienen que hacer un plano abriendo los ojos’”.
Además de la formación como actores, una actuación también se crea por el público que está frente al actor. Alejandra reconoce el gran esfuerzo de los actores al producir arte escénico sin una audiencia: “por ejemplo, si alguien te produce ternura, todo lo que hagas va a llevar eso ahí contigo. Si alguien te da rabia, seguramente tu discurso tendrá otra manera de expresarse. Es muy difícil realmente poder transmitir y producir en ese silencio en mi cuarto, así que fueron muy valientes. Cada ejercicio que hicimos no era fácil. Realmente les exigimos mucho y los chicos estuvieron ahí, a la pata”.
El trabajo para producir ‘Gaia y el árbol de los favores’ requirió una exigencia especial: la de actuar natural, porque la obra está pensada para retratar la cotidianidad: “por supuesto, si yo les hubiera dicho ‘haga payasadas en el baño’ sería muy diferente. Para ellos también ha sido muy difícil, muy extraño. Llevan seis meses preparándose para expresar y les decimos ‘no, no, al revés, guárdatelo’”.
Retrato de la intimidad
La virtualidad terminó de romper con el concepto de intimidad, que con las redes sociales ya era bastante frágil. Ahora, todos estamos a un clic de distancia de casi cualquier casa ajena en el mundo. Los involucrados en esta obra de teatro no fueron la excepción: a través de las cámaras web, Alejandra pudo entrar en las casas de sus actores y ellos en la suya.