La historia de Hada comienza en medio de una familia atravesada por la política y el compromiso social. Sus padres, María Mercedes Méndez y José Rodrigo, se conocieron en un convento cuando ella era novicia y él trabajaba como pintor. Ese encuentro marcaría el inicio de una vida en común que más adelante estaría profundamente ligada a la historia del país.
Durante sus primeros años, Hada recuerda escenas cotidianas llenas de cariño: su padre jugando con ellas y su madre peinándolas. Sin embargo, esa tranquilidad pronto se vio interrumpida por el contexto de violencia que rodeaba a los militantes de la Unión Patriótica, movimiento político al que pertenecían sus padres.
La familia vivió en municipios como Puerto Rico, Meta y El Castillo, Meta, territorios donde el conflicto armado era constante. Su padre fue alcalde en Puerto Rico, mientras su madre ejercía liderazgo político en El Castillo, una zona marcada por la presencia de todos los actores armados.
A los siete años, Hada ya había presenciado balaceras. Recuerda una tarde, hacia las cinco o seis, cuando regresaban del hospital junto a su madre y una de sus hermanas. De repente, comenzó un enfrentamiento armado y tuvieron que esconderse detrás de un arbusto mientras el miedo se apoderaba de todas.
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Las amenazas eran constantes. Llegaban en papeles que dejaban en la casa o en advertencias indirectas. En una ocasión, fueron sacadas mientras dormían y trasladadas a otro lugar sin explicación. La vida se convirtió en una estrategia permanente de supervivencia: saber por dónde escapar, cómo reaccionar y cómo protegerse.
La tragedia llegó cuando Hada tenía apenas diez años. A ella y a sus hermanas les dijeron que debían viajar a Villavicencio porque su madre había sufrido un accidente. Sin embargo, al llegar, fue su padre quien les dio la noticia que marcaría sus vidas para siempre.
“La muerte de mi mamá fue una masacre”, recuerda. Ese día no solo fue asesinada María Mercedes Méndez, sino también otras personas: Willian Ocampo, alcalde electo; Rosa Peña, tesorera; Ernesto Saralde, funcionario de la Umata; y Pedro Agudelo, conductor del vehículo. Una sexta persona sobrevivió.