El pasado miércoles 12 de mayo se jugó el partido entre el Junior de Barranquilla y River Plate en el desarrollo de la Copa Libertadores. El encuentro se dio en el Estadio Romelio Martinez mientras en las afueras del escenario prácticamente se vivía una batalla campal.
Los estallidos y el gas lacrimógeno hicieron que sin duda este fuera un partido de fútbol totalmente atípico y complicado.
Todo esto se presentó porque el encuentro futbolístico se dio en medio de una grave situación en Barranquilla. Enfrentamientos entre manifestantes y el Esmad a las afueras del estadio llegó a poner en riesgo a los jugadores que en varias ocasiones pues se vieron afectados por los gases lacrimógenos que llegaron hasta la cancha.
“Era un momento complejo porque uno no se puede abstraer de lo que está pasando. Nosotros sabíamos que íbamos a venir a jugar intentando que nos den las garantías necesarias porque no es normal venir a jugar un partido en una situación tan inestable a partir de lo que está viviendo el pueblo colombiano”, dijo el director técnico de River Plate, Marcelo Gallardo, en la rueda de prensa posterior al partido.
Posteriormente añadió que el partido “no fue normal ni en la previa, ni durante el partido. En el partido los que estuvieron presentes tienen que decir que se jugó en situaciones muy incómodas, con humo de gases lacrimógenos durante varios momentos del partido, escuchando estruendos afuera, estallidos. Fue una situación anormal en todo sentido, entonces no podemos mirar para otro lado”.