Jorge Vilda, destituido este martes como seleccionador nacional femenino y director deportivo, pasó en tan solo quince días de tocar el cielo con los dedos como campeón del mundo a firmar su despido tras ocho años en el cargo.
El despido de Vilda cierra una de las brechas abiertas en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) por todo los sucedido al término de la final del Mundial en Sídney.
Su actitud, cuando el comportamiento de Luis Rubiales en el palco y en el podio por el beso con Jenni Hermoso ya estaba en entredicho, y los aplausos que brindó al todavía presidente días después en la asamblea federativa, cuando anunció que no iba a dimitir, dejaron prácticamente cerrado su cese.
De nada sirvió que al día siguiente de esto lamentara el comportamiento inapropiado de Rubiales y que haya empañado el mayor éxito del fútbol femenino español. Antes de ese mensaje, su cuerpo técnico ya le había dejado solo y once de sus colaboradores ya habían puesto sus cargos a disposición de la RFEF.
Por paradojas del destino y sin levantar la voz, Vilda pasó en apenas horas de héroe a Villano. Su mayor éxito deportivo ha sido su gran condena. La victoria en el Mundial, que parecía su gran argumento para silenciar las voces críticas cuando quince jugadoras pidieron tras la Eurocopa de 2022 cambios para volver a ir con el equipo, se ha vuelto totalmente en su contra.
El técnico tuvo que incorporar a jugadoras nuevas, junto a otras que volvieron, como Jenni Hermoso, pero él ya no es seleccionador.
Su despido pone fin a una etapa iniciada en 2015 para sustituir a Ignacio Quereda, con la experiencia de haber dirigido a la selección sub-19 desde 2014, y, anteriormente, desde su llegada al RFEF en 2010, a la sub-17. Con ésta ganó dos Eurocopas, dos subcampeonatos europeos, un bronce mundial y un bronce europeo y logró un subcampeonato del mundo.