Jenifer de la Rosa, quien nació en Armero semanas antes de la tragedia natural de 1985, se convirtió en una periodista y cineasta exitosa no por la historia que hubiera querido vivir, sino por la triste realidad que atravesó desde aquel 13 de noviembre.
La mujer colombo-española lleva casi una década buscando a su madre biológica, Dorian Tapasco Téllez, sin obtener respuestas, es como si se la hubiera tragado la tierra. Desde que descubrió que era adoptada en un país lejano a su raíz se ha dedicado a documentar todo este proceso de la mano de su familia adoptiva, quien nunca le negó su historia.
En entrevista con Kienyke.com, De la Rosa aseguró que, desde un inicio, sus padres le contaron que la habían adoptado en Colombia.
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“Yo estaba en el orfanato de Manizales. Ellos tienen un álbum de fotos con todo el viaje que hicieron y al final estaba el Nevado del Ruiz y luego otra postal en la que se veía todo lo que había pasado, todas las casas que se había llevado la avalancha”.
Según la información que les entregaron a sus padres adoptivos en el expediente, el padre de Jenifer murió en la catástrofe y su madre la dejó a cargo de una socorrista de la Cruz Roja.
Con esa información y después de viajar por el mundo, decidió contar su historia y se empezó a cuestionar en dónde estaba su familia originaria.
“Decidí buscar en internet sobre Armero y encontré la Fundación Armando Armero. Encontré todos esos relatos que tienen ellos en YouTube con otras personas adoptadas en muchos países que también fueron de la tragedia. Ahí me contacté con Francisco González e hice mi primer viaje a Colombia en 2016”, relató.
Sobre su primera vez en el país que la vio nacer, Jenifer admitió que fue muy duro encontrarse con la realidad de la que una vez fue parte. Sin embargo, escuchar los testimonios de padres que continúan en la búsqueda de sus hijos y ver las imágenes de la catástrofe fueron el combustible para ir a la Notaría, a la Registraduría y al ICBF para conseguir información de su madre, pero el resultado no fue el esperado.
“Me dijeron que Dorian Tapasco no existía, que no había nadie ni vivo ni muerto con ese nombre, eso fue bastante duro para mí. Al igual que ir al ICBF y que no me dieran los papeles, me dijeron que me los daban por internet. Me llevó cuatros años de lucha, viajes de regreso con Francisco, quien siempre estuvo para cuidarme y para decirme que continuara”, mencionó.
El reencuentro menos esperado
A pesar de este largo proceso y no dar con ningún tipo de respuesta, en medio de la investigación exhaustiva, Jenifer encontró lo que para ella sería algo imposible. 34 años después se enteró que tiene una hermana llamada Ángela Rendón, una comerciante informal en Barrancabermeja.
“Yo siempre buscaba en internet Dorian Tapasco y nunca había encontrado nada hasta que un día encontré una nota en un periódico que había dejado Ángela, porque a ella tampoco le entregaron información en el ICBF, que decía ‘busco a mi mamá que me abandonó cuando tenía tres meses’ y se llamaba Dorian Tapasco. Yo no lo podía creer. Regresé a Colombia, nos contactamos con ella y nos hicimos la prueba del ADN”, dijo.