El retrato oficial de Gustavo Petro, contratado por $75 millones, volvió a poner la atención sobre una tradición que ha cambiado durante más de dos siglos. Las imágenes de los mandatarios pasaron de pequeños óleos y fotografías de estudio a obras reguladas mediante contratos públicos.
De los próceres al gran óleo ceremonial
Los primeros retratos republicanos no rompieron por completo con las formas usadas durante la Colonia. Los mandatarios aparecían con uniformes, condecoraciones, constituciones y bastones de mando, elementos destinados a representar la autoridad del cargo.
Una de las obras más antiguas conservadas es el retrato de Simón Bolívar realizado hacia 1822 por el pintor quiteño Antonio Salas Pérez. Fue elaborado en óleo sobre metal, mide 27 por 24 centímetros y ayudó a establecer una imagen del Libertador que posteriormente fue reproducida en otras pinturas.
A mediados del siglo XIX, la llegada del daguerrotipo, la litografía y la fotografía en albúmina modificó la circulación de estas imágenes. Los presidentes comenzaron a aparecer en tarjetas de visita y formatos pequeños que podían reproducirse con mayor facilidad. Demetrio Paredes retrató o reprodujo imágenes de dirigentes como José María Obando, José Hilario López, Tomás Cipriano de Mosquera y Manuel Murillo Toro.
El gran formato recuperó protagonismo hacia finales del siglo XIX. Epifanio Garay pintó en 1891 un retrato de Rafael Núñez de 263 por 203 centímetros y, en 1899, uno de Manuel Antonio Sanclemente de 254 por 201 centímetros. Ambos fueron elaborados en óleo sobre tela y respondían al estilo académico de los salones oficiales.
Santos, Duque y Petro: el costo de la imagen oficial
En la actualidad, cada mandatario puede elegir al artista, el tamaño de la obra y el estilo del marco. Esta libertad explica las diferencias entre los cuadros que integran la galería de expresidentes de la Casa de Nariño.
Uno de los encargos recientes con mayor detalle público es el de Juan Manuel Santos. En 2018, el Departamento Administrativo de la Presidencia contrató a Cecilia Fajardo Castro por $23,3 millones para realizar un óleo sobre lienzo de 90 por 70 centímetros. El contrato estableció un formato vertical, de tres cuartos de cuerpo y con predominio del rostro.