Durante los últimos cinco años, la llegada de más de 1,7 millones de venezolanos ha hecho de Colombia el segundo receptor de desplazados forzosos en el mundo, después de Turquía con 3,7 millones de sirios, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Dichos éxodos impactaron las realidades demográficas y socioeconómicas de dos naciones que comparten otro fenómeno: tienen extensas fronteras con presencia de grupos armados ilegales.
Tras acoger por más de 10 años a los civiles que huyen de la guerra en Siria, Turquía implementó un mecanismo de protección temporal que brinda a los sirios estabilidad, acceso a derechos y servicios. Ese modelo puede ser un referente del Estatuto de Protección Temporal a Migrantes Venezolanos que Colombia implementará desde este lunes 1 de marzo. Ankara y Bogotá están llamados a trabajar juntos para ofrecer respuestas a migraciones que no paran de crecer.
¿Por qué protección temporal y no refugio?
Más que un receptor, Colombia se ha caracterizado por ser un expulsor de migrantes. El conflicto armado ha dejado en seis décadas unos 262 mil muertos y casi 8 millones de desplazados desde 1985 hasta el 31 de diciembre de 2019, según el Registro Único de Víctimas (RUV).
Sin una estructura de recepción robusta, y sacudida por una violencia interna que parece enquistada, en el último lustro Colombia empezó a acoger una inédita cantidad de venezolanos que tuvieron que salir de su país por diversos motivos. Con varios tropiezos, el Estado diseñó una política migratoria que pretende alinearse con los estándares y buenas prácticas internacionales.
Por su ubicación entre Asia, África y Europa, Turquía ha sido, en cambio, testigo de grandes movilizaciones humanas a lo largo de la historia. Durante los últimos años recibió refugiados de Afganistán, Irán, Iraq y Somalia; y otros de Oriente Medio y el Cáucaso. Cuando estalló el conflicto armado en Siria en 2011, los turcos ya tenían una idea sobre la migración.
Frente a la magnitud del éxodo sirio, sin embargo, el Estado turco ajustó sus políticas y desde 2014 implementa el estatuto temporal de protección para esta población vulnerable. El motivo para crear este mecanismo radicó en que, debido a una reserva hecha por Turquía a la Convención de Ginebra de 1951, el país solo puede otorgar estatus de refugio a personas provenientes de Europa. El modelo de protección temporal surgió como un salvavidas para los millones de sirios que estaban a la deriva.
Pese a que con frecuencia se habla de la crisis de “refugiados sirios”, en Turquía los sirios están bajo protección temporal y no con un estatus de refugio. También los “campos de refugiados” han sido en realidad centros para migrantes bajo protección temporal, donde se les brinda acceso gratuito a servicios de salud, educación, al mercado laboral y asistencia social, entre otros. Varios de estos centros han cerrado a medida que los sirios se integran a la sociedad o deciden volver a su país.
Colombia, a diferencia de Turquía, sí podría otorgar estatus de refugio a los venezolanos. ¿Entonces por qué opta por la protección temporal?
Víctor Bautista, secretario de la frontera en el departamento colombiano de Norte de Santander, señala que esto obedece a la necesidad de agilizar la gestión de la migración masiva. En general, el refugio se estudia según las condiciones particulares de cada persona y el trámite de una solicitud toma mucho tiempo, es un proceso largo y dispendioso no solo para Colombia sino también para países desarrollados como Alemania.
Por eso, lo que se ha hecho es mejorar el marco jurídico del Permiso Especial de Permanencia (PEP) que empezó a emitirse en el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y que tenía una vigencia de 24 meses. El problema con el PEP, dice Bautista, era que “después de esos dos años ya no se sabía dónde estaban los migrantes ni si seguían en el país, perdían comunicación con el Estado”. En cambio, con el Estatuto de Protección se les otorga la posibilidad de residir en Colombia hasta por 10 años y tener una relación más cercana con las instituciones estatales.
Además, aplicar el estatuto de refugio sería incongruente con la realidad de la frontera colombo-venezolana donde muchos van y vienen a diario, la llamada migración pendular. La figura de refugiado implica el principio de no devolución (non refoulment), es decir, que la persona no puede volver a su país porque allá su vida está en peligro debido a una causa determinada.
En Venezuela, explica Bautista, no hay una guerra como en Siria, sino una compleja mezcla de pobreza, falta de oportunidades laborales y de acceso a la salud, la educación y la seguridad alimentaria, así como algunos casos de persecución política. Es difícil determinar cuántas personas salen por cada una de estas razones y sería imprudente asumir que todos lo hacen por el mismo motivo.
“El Estatuto de Protección recoge la generalidad de la problemática y le ofrece a los venezolanos estabilidad en Colombia -añade Bautista-. Lo que nos conviene a todos es que encuentren estabilidad, que los conozcan, que se integren a las comunidades y sean productivos, no que estén en un constante trasegar por las carreteras enfrentando todo tipo de necesidades”.
Claves para una entrada ordenada y segura de los migrantes
Las experiencias internacionales sobre migración muestran que el principal factor de éxito está en garantizar la seguridad, acogida e identificación de quienes llegan a otro país. Para que esto ocurra se necesita un fuerte control estatal en la frontera para proteger a los civiles y recibirlos de manera legal, así como un sistema de registro que permita identificarlos, tener certeza sobre cuántos son y cuáles son sus necesidades.
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Para conocer estos mecanismos, Víctor Bautista estuvo en 2017 con una delegación del Gobierno colombiano en la frontera turco-siria. Recuerda él que en la ciudad turca de Gaziantep vieron que los sirios entran siempre por pasos regulares y obedecen procesos establecidos para obtener protección y beneficios. “En Colombia, como dijo el presidente Iván Duque, también hay que entender que es inconveniente entrar por pasos no oficiales, porque así no tendrán el Estatuto de Protección Temporal. Los invitamos a entrar por la puerta, no por la ventana”.
En los 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela, el control y la capacidad de registro son precarios. Esto permite que muchos venezolanos crucen a diario por pasos no oficiales (las llamadas trochas), que sean invisibles para el Estado y que se expongan a grupos armados ilegales que operan en esas zonas.