Mientras los soldados avanzan por trochas, montañas y selvas de Colombia, una cabo tercero del Ejército observa desde una pantalla lo que ocurre varios kilómetros adelante. Su misión consiste en detectar riesgos, entregar información en tiempo real y ayudar a proteger a quienes están en el terreno. Lo extraordinario es que ninguna otra mujer suboficial había ocupado antes ese lugar.
La cabo tercero Karla Marcela Ceballos acaba de convertirse en la primera mujer suboficial operadora de Aeronaves No Tripuladas del Ejército Nacional, una capacidad estratégica que permite vigilar desde el aire zonas de interés operacional y fortalecer la seguridad de las tropas desplegadas en distintos puntos del país.
Cuando recibió la noticia, sin embargo, no pensó primero en drones, operaciones militares ni en el significado histórico de su logro. Pensó en su familia.
"Sentí una inmensa felicidad, orgullo y gratitud. Pensé en mis padres, porque recordé que algún día les prometí que se sentirían orgullosos de la hija que habían formado. También pensé en mis hermanos, porque siempre he querido ser un ejemplo para ellos", contó en entrevista con KienyKe.
Detrás de ese momento había mucho más que una certificación militar. Había horas de entrenamiento, exigencia y una meta que durante meses pareció lejana. Aquel instante cerraba una historia que había comenzado apenas dos años atrás. Aunque su trayectoria en el Ejército es corta, para ella ha sido suficiente para transformarse como militar y como persona.
"Mi trayectoria en el Ejército Nacional ha sido muy corta pero muy significativa. Esto me ha permitido crecer como militar, como líder y como ser humano. He tenido la oportunidad de enfrentar desafíos, aprender de grandes profesionales y asumir responsabilidades que me han fortalecido", explicó.
Fue durante ese proceso cuando apareció la oportunidad de especializarse en la operación de aeronaves no tripuladas. Más que aprender a manejar tecnología, Karla encontró una nueva forma de servir al país. Comprendió que detrás de cada vuelo existía una misión mucho más importante: ayudar a proteger la vida de quienes se encuentran en el terreno.
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"Me motivó la posibilidad de seguir creciendo profesionalmente y aportar a las nuevas capacidades en cumplimiento de la misión institucional. Cuando conocí el impacto que tienen estas aeronaves en la protección de nuestras tropas y en la toma de decisiones operacionales, comprendí que quería ser parte de esa capacidad estratégica", afirmó.
El camino hacia esa meta estuvo lejos de ser sencillo. El proceso de selección exigía preparación física, conocimientos técnicos, capacidad de análisis y fortaleza emocional. Hubo momentos en los que la confianza se puso a prueba y en los que las dudas aparecieron con fuerza.
"La selección no fue fácil; en muchos momentos sentí miedo de no lograrlo y tuve dudas, como cualquier persona que enfrenta un gran reto. Sin embargo, nunca dejé de creer en mí, en mi preparación y en mis capacidades", recordó.