Doña Anciana de Crépita fue vacunada contra Covid-19

Doña Anciana, reconocida por su participación en la Tele Letal, compartió en sus redes sociales el video en el que fue vacunada contra coronavirus.

Cada vez son más las personalidades colombianas que comienzan a ser inmunizadas contra el Covid-19, en las últimas horas se conoció que, Doña Anciana de Crépita, quien trabaja de la mano de Santiago Moure y Martin de Francisco en la Tele Letal fue vacunada.

Vacunación que fue compartida por medio de un emotivo video en redes sociales.

Bajo el mensaje “nuevo escándalo: Joven analista política se salta la fila para acceder a la vacuna. Afirma que estaba priorizada por trabajar con los adultos mayores Martín de Francisco y Santiago Moure en La Tele Letal”, fue compartida la publicación.

Vea acá el video:

Video que encendió las redes sociales, ya que los usuarios y seguidores del programa celebraron la vacunación de Doña Anciana, “la gente de la farándula accediendo a las vacunas. Doña Anciana si acaso tendrá 50. Grave esto”, respondieron con ironía algunos usuarios en redes sociales.

Otros por su parte se alegraron de la vacunación de Doña Anciana, escribiendo, “divina! Afortunadamente ya está vacunada!”

¿Quién es y de dónde salió doña Anciana de Crépita?

Aunque sabe que la muerte puede estar cerca, intenta huirle y le teme, tanto o más como cuando tenía 25 años. Dice, acompañando la frase con un gesto de angustia, casi al punto de llorar, que aún tiene dos metas por cumplir, una de ellas es dejar a sus hijos bien, o medianamente bien, o lo mejor posible, y la otra, que también involucra a sus hijos, no quiso decirla, es su secreto; para cumplir sus propósitos le pide a Dios “harto trabajito”.

Su nombre de pila es Blanca Ligia Franco pero televidentes e internautas la conocen como doña Anciana Decrépita, compañera de set de Santiago Moure y Martín de Francisco en La tele letal, la segunda temporada de La tele, programa de humor y sátira creado por Carlos Vives a mediados de la década de los 90.

Blanca Ligia tiene 86 años y todavía corre, habla duro y hace pendejadas en televisión. Dice orgullosa que es una actriz natural, que así se lo dicen quienes saben de actuación. Empezó a trabajar en televisión en 1994, cuando tenía 64 años, al lado de quienes hoy en día siguen siendo sus compañeros: De Francisco, Moure y Carlos Molina, más conocido como ‘El Cerdo’; fue precisamente este último quien le dio el empujoncito para trabajar en el mundo de la farándula, aunque hoy en día es más periodista que actriz, dice con una risa contagiosa.

Se pone las manos en la cara, en símbolo de vergüenza y dice: “mi primer papel fue ser la novia de Martín (De Francisco) en la novela La señorita Isabel”. Dicha ‘novela’ hacía parte de La Tele y no era más que una burla a la novela de la época Señora Isabel, protagonizada por Judy Henríquez y Luis Mesa.

Desde hace 34 años Blanca Ligia asiste a un grupo de la tercera edad en Kennedy, donde comparte con los abuelitos de la localidad que buscan actividades para distraerse y sentirse ocupados. Hace 25 quiso tomar un curso de manualidades que ofrecían en la localidad de Barrios Unidos y llegó cinco minutos tarde y no la dejaron inscribirse porque ya se había llenado el cupo.

“Me puse a caminar por ahí y había inscripciones para un curso de expresión corporal y me dije – esto es lo mío – y me metí”, recuerda.

En ese curso fue donde conoció a Carlos Molina, quien para la fecha ya trabajaba en La Tele, haciendo el papel de ‘El Cerdo’, un personaje exótico y extravagante, y quien le dijo a Blanca y a las demás abuelitas que tomaron el curso que tal vez habría posibilidades para actuar en la televisión. La oportunidad llegó meses después.

La Tele estaba buscando una mujer de avanzada edad que pudiera medianamente actuar para hacer el papel de ‘señorita Isabel’, un montaje en burla a la exitosa novela de la época. Aunque Blanca no fue la primera opción para quedarse con el papel, porque había una compañera con más años encima, terminó con el protagónico que hizo junto a Martín de Francisco.

Creado Por
Luis Cuéllar