En Colombia, desde los noventa, varios candidatos han usado productos de campaña poco comunes para volverse reconocidos en las carreras electorales. Condones, papel higiénico, ropa interior y otros objetos que se prestan para la foto y el chiste. Si bien no reemplazan el trabajo político de base, sí abren una puerta: que el nombre circule por fuera de los actos y los volantes.
La lista no es larga, pero es constante. Cada cierto ciclo electoral aparece el mismo recurso: un objeto cotidiano con una frase corta, pensado para que la gente lo muestre, lo comente y lo replique.
Condones: el formato más repetido
El caso más conocido en la historia reciente del país es el de Ingrid Betancourt en 1994, para su campaña al Congreso, cuando repartió condones con el lema "la corrupción es el sida de la política". El mensaje no estaba en un discurso, sino en el objeto, que para ese entonces fue objeto de debate.
Años después, el condón se volvió una herramienta recurrente de campaña. En 2014, en las elecciones al Congreso, Roy Barreras repartió condones con "Métela toda por la paz". En 2018, para la presidencia, Sergio Fajardo usó condones con frases dirigidas a jóvenes. En 2019, Brenda Abril, candidata por la Asamblea de Santander, también los utilizó con un enfoque de salud sexual.
En 2022 el formato volvió a circular con fuerza: condones con mensajes asociados a campañas nacionales y al Pacto Histórico, con el lema “se viene el cambio”.
Pastillas y “campaña de salud”: el límite del escándalo
En 2002, Ingrid Betancourt dio un salto más polémico: repartió viagra como parte de su mensaje de campaña. Esa jugada quedó marcada porque tocó un punto distinto: ya no era solo provocación política, sino un producto ligado a salud y advertencias sanitarias.