La Misión de Observación Electoral presentó un estudio sobre la relación entre actores armados ilegales y voto rural en la segunda vuelta presidencial de 2026. El informe concluye que no hay evidencia estadística para asociar de forma automática esa presencia con el aumento electoral de alguna candidatura.
La Misión de Observación Electoral (MOE) presentó el estudio técnico La paradoja del voto cautivo. Evidencia electoral y modelos de riesgo en la segunda vuelta presidencial de 2026, en el que analizó si la presencia de Grupos Armados Ilegales (GAI) tuvo una relación directa con el comportamiento del voto en zonas rurales del país.
La conclusión principal del documento es que, aunque persisten riesgos graves de control social, constreñimiento al elector y presencia armada en distintos territorios, no existe evidencia estadística que permita afirmar que esa injerencia se haya traducido de manera automática, proporcional o generalizada en un mayor caudal electoral para alguna de las candidaturas en disputa.
Tres modelos para revisar el voto rural
Según la MOE, el estudio aplicó tres modelos analíticos, incluida su metodología histórica de atipicidades electorales. A partir de ese ejercicio, la organización concluyó que el comportamiento del voto rural respondió principalmente a dinámicas organizativas locales, identidades políticas históricas y liderazgos territoriales.
El informe también señala que los análisis estadísticos arrojaron coeficientes de determinación cercanos a cero, lo que debilita la hipótesis de una relación directa entre presencia armada y aumento de votación por una opción política específica.
Uno de los puntos más relevantes del estudio es que, incluso en zonas con control armado hegemónico, se registraron triunfos amplios de opciones ideológicamente opuestas a los grupos dominantes en esos territorios. Para la MOE, ese comportamiento contradice la idea de una alineación electoral impuesta de forma generalizada por la fuerza.