Mientras Cali se proyecta como una ciudad de crecimiento y eventos globales, un reportaje periodístico desenterró una realidad paralela y dolorosa: una ciudad subterránea donde cientos de personas llevan décadas viviendo en la invisibilidad. "Cali Bajo Tierra", del periodista Hugo Mario Cárdenas y el fotógrafo José Luis Guzmán, es más que una nota; es un ejercicio de periodismo con profunda responsabilidad social que obliga a una reflexión colectiva y pone sobre la mesa la deuda pendiente con los más vulnerables.
El periodismo como espejo social
El reportaje va más allá de la simple denuncia. A través de testimonios crudos y fotografías que no eluden la crudeza, construye un relato humano de la exclusión. No son cifras abstractas; son Víctor "El Mocho" Restrepo, quien perdió una pierna y encontró un hogar bajo un puente; Lilia María Castañeda, desalojada del basuro de Navarro con falsas promesas; y Julián Villaquirán, cuya vida se desmoronó tras una serie de decepciones. Este trabajo cumple un principio esencial del periodismo social: humanizar las estadísticas y ponerle rostro a un problema estructural.
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La labor de dar voz a los no la tienen
La verdadera responsabilidad social de un medio no es solo informar, sino amplificar las voces que el sistema ha silenciado. "Cali Bajo Tierra" logra esto al mostrar la crudeza de la supervivencia, pero también los sueños intactos de sus habitantes. El Mocho, con su jardín en el separador vial y su sueño de un kiosco de jugos, y Lilia María, aferrada a su celular esperando la llamada de una vivienda, son testimonios de una dignidad que persiste frente a la adversidad. El reportaje les devuelve la humanidad que la sociedad les negó.