Tal vez los nombres de Ozempic, Wegovy y Rybelsus aún no sean del todo familiares para una parte del público, pero ¿quién no ha oído hablar de ese medicamento adelgazante maravilloso que está en boca de celebrities y actrices de Hollywood, y que realmente funciona? Tal ha sido su demanda que ha llegado a faltar el suministro, incluso con precios prohibitivos que han limitado su uso a los bolsillos más desahogados.
La novedad es que la patente de estos fármacos ha expirado ahora en varios países como China, India y otros —aún no en el nuestro— que suman casi la mitad de la humanidad. Con la entrada en escena de las versiones genéricas a precios más reducidos y accesibles, ¿qué cambios se avecinan? Y sobre todo, si este cambio en otros países nos sirve como anticipo, ¿qué debemos esperar cuando venza la patente en Europa?
En busca de fármacos contra la diabetes
A diferencia de las promesas dudosas de algunos métodos adelgazantes, el Ozempic y sus formatos derivados cumplen. Esto responde a toda la ciencia que llevan detrás; empezando en el siglo XIX con las primeras indagaciones en el metabolismo de la glucosa y su relación con la diabetes. Ya en el XX se descubrió la insulina, la hormona que se fabrica en el páncreas en respuesta al aumento de la glucosa en sangre para reducir el nivel de azúcar, y que funciona de forma defectuosa en las personas con diabetes de tipo 2, la asociada a la obesidad.
Entre los años 60 y 80 se identificaron las incretinas, hormonas producidas en el intestino delgado que median el paso entre la subida de la glucosa y la secreción de insulina. Una de ellas, el Péptido Similar al Glucagón de tipo 1 (GLP-1, por sus siglas en inglés), se revelaba como un activador eficaz de la secreción de insulina, lo que sugería un posible uso como fármaco antidiabético.
Había un problema: el cuerpo eliminaba rápidamente el GLP-1. Esta es una dificultad frecuente con el uso de moléculas biológicas, por lo que suelen buscarse análogos modificados que actúen del mismo modo —o agonistas— y que el organismo procese más despacio. El primero de ellos se halló en una fuente de lo más inesperada: el veneno del monstruo de Gila, un lagarto que habita en los desiertos entre EE UU y México. Este compuesto, exendina-4, dio lugar a la exenatida, comercializada en 2005 bajo la marca Byetta por Eli Lilly y Amylin.
Un efecto secundario interesante
Este primer agonista de GLP-1 se empleaba para tratar la diabetes, pero los estudios desvelaron un efecto secundario muy interesante: pérdida de peso. Como ya ocurrió antes con la viagra, concebida para la hipertensión hasta que se destapó su poder contra la disfunción eréctil, surgía una aplicación infinitamente más lucrativa que la pretendida. El efecto adelgazante era coherente con la acción de un análogo de GLP-1, actuando en el cerebro para ralentizar el vaciado del estómago y crear sensación de saciedad.
Pronto se extendió el uso de Byetta para perder peso, fuera de su indicación original, pero no tardó en emerger un competidor: la danesa Novo Nordisk había desarrollado la liraglutida (bajo las marcas Victoza y Saxenda), otro agonista de GLP-1 de acción más prolongada y mayor efecto adelgazante.
La misma compañía se superó poco después con la semaglutida, aún más eficaz y que solo requería una inyección semanal, a diferencia de las diarias de sus predecesores. El Ozempic se autorizaba en 2017 en EE UU y al año siguiente en la UE.
Aunque este último estaba indicado contra la diabetes de tipo 2, desde el principio se utilizó como adelgazante. Novo Nordisk lanzó después una versión oral, Rybelsus, aprobada en 2019 en EE UU y en 2020 en la UE. Por fin, en 2021-2022 apareció Wegovy, una semaglutida en dosis más potente, indicada específicamente para la pérdida de peso.
Muy deseado, poco accesible
Así estalló la locura del Ozempic, avivada por celebridades e influencers. La demanda ha sido tan brutal que ocasionalmente ha agotado las existencias. Una encuesta en Reino Unido mostraba que la quinta parte de la población ha intentado conseguir el medicamento, que ha llegado a alzarse como el segundo de mayor venta en todo el mundo y ha hecho de Novo Nordisk la compañía más valiosa de Europa.
En el terreno del reconocimiento científico, los premios han llovido para los investigadores responsables del hallazgo, entre ellos el Princesa de Asturias en 2024. En 2023 la revista Science destacó los fármacos de GLP-1 como el avance del año. Por si fuera poco, y aunque la semaglutida también puede tener sus efectos adversos, las investigaciones sugieren otros posibles beneficios, como una reducción del riesgo cardiovascular, de la adicción a sustancias o incluso de las enfermedades neurodegenerativas.
Pero el acceso a estos fármacos está limitado; por estar sujetos a prescripción y, sobre todo, por su precio. En España el tratamiento mensual de Wegovy se sitúa en algo más de 200 euros, y esto gracias a una reciente rebaja; en EE UU, donde los medicamentos suelen ser más caros, ha llegado a costar 1 349 dólares al mes. En nuestro país el sistema público de salud financia Ozempic y Rybelsus solo en ciertos casos de diabetes, pero no para perder peso, y tampoco cubre Wegovy ni otros que están aprobados para adelgazar.
Estas restricciones han propiciado la vertiente subterránea del gran negocio: los fármacos se dispensan fuera de indicación o sin receta —también en España— y crece un mercado negro de falsificaciones con cientos de webs fraudulentas.