En un rincón emblemático de Bogotá, se encuentra un lugar que parece desafiar el tiempo y el espacio, transportando a quienes lo visitan directamente a Madrid, España. Adriano, el nuevo restaurante de Casa República, es mucho más que una propuesta gastronómica: es una verdadera joya arquitectónica que fusiona tradición, arte y sabores en un solo lugar. Un rincón vibrante y cosmopolita, donde cada elemento está pensado para crear una experiencia sensorial que celebra la cultura española en pleno centro de la capital colombiana.
La experiencia de este restaurante comienza mucho antes de tomar asiento. Al llegar, los visitantes se encuentran con una instalación luminosa de la artista Venus White. La calidez de la luz, junto a la imponente fachada de la Casa República, prepara el escenario para lo que promete ser una velada única.
Al cruzar la puerta, la atmósfera se transforma de inmediato. Una elegante escalera de caracol invita a subir hacia el segundo nivel, mientras que, en las paredes, una cuidada selección de obras de arte se mezcla entre lo clásico y lo contemporáneo. Esta fusión de estilos no es casualidad, sino un reflejo de la filosofía del restaurante: respetar lo tradicional, pero al mismo tiempo, darle un giro contemporáneo y cosmopolita que refleje el espíritu de Madrid.
Sin embargo, es en la cocina donde la magia de Adriano se vuelve palpable. El chef Felipe Giraldo, quien lidera la propuesta culinaria, ha logrado dar vida a una carta que honra las raíces más auténticas de la gastronomía española, pero con un toque local que integra ingredientes colombianos frescos y de calidad.
Bajo su dirección, el menú de Adriano se convierte en un viaje sensorial donde lo clásico se encuentra con lo innovador. Platos como la paella de mariscos, las croquetas de jamón ibérico, o el tartar de atún con tomate y aceitunas son solo algunos ejemplos de cómo Giraldo logra mantener la esencia de la gastronomía española, mientras honra los sabores de la región. Cada bocado invita a saborear la tradición, pero también a explorar nuevas texturas y combinaciones que sorprenden y encantan.
KienyKe.com entrevistó a Felipe Giraldo, chef ejecutivo, director de operaciones y cofundador para conocer un poco más de la propuesta que Casa República trae para dinamizar la escena gastronómica de la capital colombiana.
KienyKe: ¿De dónde surgió la idea de tomarse Casa República?
Felipe Giraldo: La idea de recuperar Casa República tiene una conexión profunda con mi historia familiar. Mi abuelo fue miembro y presidente honorario del Club Médico, y hace 50 años, mis padres se casaron en esta casa. Durante esa época, la casa era uno de los centros de eventos más glamorosos de la ciudad. Sin embargo, con el paso del tiempo, la casa comenzó a deteriorarse debido a los altos costos de mantenimiento.
Cuando celebramos los 100 años de mi abuelo, me encontré con la casa en un estado lamentable, lo que me llenó de tristeza. Fue entonces cuando decidí que algo debía hacerse al respecto. En ese momento, estábamos trabajando con Nicolás Vergara y Ana Calle en la construcción del HAB Hotel, y les comenté sobre la casa. Decidieron visitarla y quedaron fascinados con su potencial. Así fue como comenzó a gestarse el equipo y el proyecto. Posteriormente, nos reunimos con los médicos propietarios de la casa y les presentamos nuestra visión.
Nuestra propuesta fue recuperar un espacio icónico en Bogotá, respetando su valor patrimonial, pero al mismo tiempo, devolviéndole el glamour que alguna vez tuvo. Lo más importante era crear un centro gastronómico de alto nivel, un lugar que fuera un referente en la ciudad.
KyK: ¿Qué fue lo más complicado de adecuar este lugar que es patrimonio?
FG: Más que un desafío, el proceso fue fascinante y sumamente enriquecedor. Nos enfrentamos a varios factores que hicieron que la restauración fuera única. El primer reto importante fue el trabajo con la madera. Al empezar a despojar las capas de pintura, descubrimos la historia que se escondía en la materialidad de la casa, especialmente un cedro macizo en excelente estado. Decidimos dejar la madera a la vista, restaurarla con la menor intervención posible, para resaltar su belleza natural.