En un cargamento de yuca y papa criolla congelada que estaba dentro de un contenedor listo para embarcar hacia los puertos de Lisboa (Portugal) y Valencia (España), estaba escondido un enorme cargamento de cocaína muy bien camuflado al interior de los tubérculos.
Una llamada alertó sobre que habría una posible contaminación al interior de este cargamento, lo que de inmediato llamó la atención de las autoridades que se dispusieron a verificar qué ocurría. Al principio solo encontraron croquetas de papa y yuca bien refrigeradas, todo parecía normal hasta que comenzaron a ver que algunas tenían formas y tamaños irregulares.
Como era un cargamento congelado, el reactor químico Narcotex no funcionaba y esto dificultó el trabajo de la Policía. Las croquetas también despistaban a los caninos. Sin embargo, decidieron descongelar la mercancía y efectivamente dio positivo para clorhidrato de cocaína. Allí se hallaron 1.300 kilos de esta sustancia alucinógena.
Fueron necesarios 50 uniformados y varios caninos para inspeccionar la carga. De no haber hallado ninguna anomalía, la Policía debía responder por los alimentos que perdieron su cadena de frío, todo un plan maestro para exportar la droga cubierta con papa, yuca y una capa gruesa de hielo, sellados al vacío.