Todo comenzó como un rumor entre pasillos. Declaraciones sueltas, denuncias dispersas. Pero con el tiempo, ese murmullo se convirtió en un terremoto judicial que alcanzó al hombre más poderoso del país. Álvaro Uribe Vélez, dos veces presidente de la República y figura central del uribismo, terminó sentado ante la justicia. El escenario era inédito: un expresidente en la mira penal. A su alrededor, un laberinto de interceptaciones, testimonios, maniobras legales y un país dividido que seguía la trama como si fuera una serie de suspenso político.
En la otra orilla, el senador Iván Cepeda, hijo del asesinado Manuel Cepeda Vargas, se volvió su contradictor más tenaz. Fue él quien, desde el Congreso, escuchó el testimonio de exparamilitares como Juan Guillermo Monsalve, antiguo mayordomo de la hacienda Guacharacas, una finca que habría pertenecido a los Uribe Vélez, y testigo clave de esta historia.
Y apareció otro actor crucial: Diego Cadena, el abogado que, según la Fiscalía, ofrecía beneficios a cambio de silencios y retractaciones. Lo que empezó como un debate sobre derechos humanos terminó convertido en una historia de poder, justicia y versiones enfrentadas
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En agosto de 2011, durante un debate en el Congreso liderado por Cepeda, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos se sumó a una comisión que visitó varias cárceles para documentar abusos. En una de esas inspecciones, Juan Guillermo Monsalve, preso en La Picota, acusó al expresidente Uribe de vínculos con el paramilitarismo. El CSPP grabó su testimonio y lo entregó a las autoridades. La tormenta apenas comenzaba.
Semanas después, la familia de Monsalve denunció amenazas. Fue trasladado a Bogotá, pero la Fiscalía tardó meses en intervenir. En ese lapso, sufrió un atentado en prisión. Incluso se ofreció una recompensa de 80 millones de pesos por su vida. Para junio de 2012, el CSPP suspendió la protección por falta de apoyo estatal.
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El 17 de septiembre de 2012, Cepeda llevó al Congreso un debate sobre paramilitarismo en Antioquia. Presentó testimonios de Pablo Hernán Sierra y del propio Monsalve, quienes señalaban a Álvaro y Santiago Uribe como fundadores del Bloque Metro de las AUC. Un año después, Uribe contraatacó: denunció a Cepeda por manipular testigos y acusó al Comité de haberle pagado a Monsalve. El CSPP respondió con documentos que desmentían esa versión.
El conflicto escaló aún más el 17 de septiembre de 2014, cuando Cepeda reveló nuevos testimonios ante el Congreso. La Corte Suprema, en una decisión sorpresiva, no investigó al senador. En cambio, abrió un proceso contra Uribe por presunta manipulación de testigos. La batalla legal se oficializó.