Con el regreso de la Corte Constitucional tras la vacancia judicial, el Gobierno entra a un tramo sensible del 2026: el tribunal tiene en sus manos dos expedientes que pueden cambiar el ritmo político y fiscal del año. Uno es la reforma pensional (la Ley 2381 de 2024). El otro, la emergencia económica y social declarada en diciembre por decreto. En ambos casos la discusión no es solo jurídica: también marca qué tan lejos puede llegar el Ejecutivo cuando el Congreso se traba o cuando el tiempo apremia.
Reforma pensional: el trámite es la batalla central
La reforma plantea un sistema por pilares, pero hoy su implementación está frenada por una decisión concreta: la Corte ordenó una suspensión temporal y devolvió el texto a la Plenaria de la Cámara para corregir el procedimiento y votarlo “en debida forma”. El foco, por ahora, no está en si la reforma convence o no, sino en si el expediente deja claro que hubo deliberación, votación válida y reglas respetadas.
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Escenarios
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Más probable: fallo por “vicios de trámite”. La Corte puede tumbar la ley completa o exigir una nueva corrección en el Congreso. En términos simples: la reforma se cae y toca empezar de cero, o queda colgada de otro round legislativo que compite con el calendario electoral.
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Probabilidad media: aval parcial con condicionamientos. La Corte dejaría vigente el corazón de la reforma, pero con límites: artículos que solo aplican si se interpretan de cierta forma, o puntos que deben ajustarse para evitar vacíos. No es una victoria limpia, porque abre otra pelea: la reglamentación y el alcance real.
- Menos probable: luz verde sin ajustes. Para que ocurra, el tribunal tendría que concluir que el procedimiento quedó plenamente subsanado y que lo discutido no amerita correcciones adicionales.
Mientras tanto, el Gobierno ya mueve piezas por fuera de la reforma: por ejemplo, el impulso a transferencias para personas mayores, con pagos de 230.000 pesos a 3 millones de beneficiarios, que se extienden hasta enero (según información oficial de Prosperidad Social). No reemplaza un cambio estructural, pero sí fija un hecho político.