El anuncio de Gustavo Petro de presentar una nueva reforma tributaria el próximo 20 de julio abrió una discusión sobre lo que realmente puede hacer un gobierno en sus últimos días. En lo jurídico, el camino existe: el Gobierno Nacional puede radicar proyectos ante el nuevo Congreso. Pero eso no resuelve lo más importante. La duda no es si alcanzan a entrar al Capitolio, sino si llegarán con alguna opción real de avanzar cuando el país ya haya elegido nuevo presidente y nuevo mapa político.
Puede radicarlas, pero eso no garantiza nada
La Constitución permite que las leyes tengan origen por iniciativa del Gobierno Nacional, y el Congreso inicia sus sesiones ordinarias el 20 de julio. Eso significa que, mientras Petro siga en la Presidencia, su gobierno todavía puede presentar proyectos ante la legislatura que empieza ese día. En la reforma tributaria hay, además, una regla específica: todo proyecto sobre tributos debe comenzar en la Cámara de Representantes. Desde el punto de vista formal, entonces, no hay un obstáculo de competencia.
El problema empieza después de la radicación
Una cosa, sin embargo, es presentar un proyecto y otra muy distinta lograr que avance. Petro todavía podría pedir trámite de urgencia, una herramienta que acelera el procedimiento legislativo y permite discusión conjunta de comisiones en primer debate. Pero esa vía solo sirve para mover el reloj. No crea mayorías, no reduce resistencias y tampoco asegura que el próximo gobierno quiera asumir el costo político de defender dos reformas tan sensibles como salud y tributos.