La renuncia de Laura Sarabia como ministra de Relaciones Exteriores ha sacudido al Gobierno de Gustavo Petro, no solo por lo que representa políticamente, sino por la crisis institucional que refleja. En una carta dirigida al presidente, la exjefa de gabinete justificó su decisión con palabras contundentes: “En los últimos días se han tomado decisiones que no comparto y que, por coherencia personal y respeto institucional, no puedo acompañar”.
Aunque no lo mencionó explícitamente, la controversia en torno al contrato para la fabricación de pasaportes es la chispa que encendió su salida. Esta decisión no solo revive un conflicto no resuelto desde el 2023, sino que confirma fracturas dentro del gabinete presidencial.
Un conflicto que no da tregua
El tema de los pasaportes ha sido una bomba de tiempo para el Gobierno Petro. Todo comenzó cuando Álvaro Leyva, entonces canciller, suspendió la licitación que beneficiaba a Thomas Greg & Sons, empresa que llevaba más de 17 años manejando la expedición de estos documentos. Según Leyva, la licitación no garantizaba libre competencia. La respuesta fue una demanda por más de 117.000 millones de pesos contra el Estado colombiano.
La Procuraduría suspendió a Leyva, y su reemplazo, Luis Gilberto Murillo, también terminó fuera del cargo, aunque de forma voluntaria. Con la llegada de Sarabia, la tercera canciller en lo que va del mandato de Petro, se esperaba estabilidad, pero la realidad fue otra.
Sarabia intentó prorrogar el contrato con Thomas Greg & Sons como medida transitoria, una decisión que fue desautorizada públicamente por el recién nombrado jefe de Gabinete, Alfredo Saade, quien anunció un nuevo acuerdo con una empresa portuguesa para producir los pasaportes. La contradicción interna quedó al desnudo.
Una renuncia con mensaje
En su carta de renuncia, Sarabia escribió: “Mi renuncia es el resultado de una reflexión profunda, motivada por la responsabilidad que siento con mi conciencia, con el país y con la forma en que entiendo el ejercicio del poder público”. También dejó claro que, aunque se va, no lo hace en confrontación: “Le deseo un cierre de gobierno exitoso (…) siempre encontrará en mí una interlocutora abierta al diálogo”.